El efectivo no es un vestigio del pasado, es inclusión

La transformación digital de los medios de pago ha sido una de las revoluciones más visibles de los últimos años. Sin embargo, en medio de este avance tecnológico, hay una discusión que comienza a tomar fuerza en distintos países y que Chile no debiera ignorar: la importancia de proteger el derecho al uso del efectivo.

Fuente: Magnific

La última encuesta del Banco Central de Chile muestra una realidad mucho más equilibrada de lo que muchas veces se cree. Si bien la tarjeta de débito es hoy el medio de pago más utilizado, con un 81% de preferencia, el efectivo sigue teniendo una presencia enorme: 64% de las personas declara usarlo frecuentemente. Más aún, 71% afirma que no tiene considerado dejar de utilizarlo en el futuro. Esto demuestra que el efectivo no es un vestigio del pasado. Sigue siendo una herramienta fundamental para millones de personas.

¿Por qué importa esto? Porque detrás del debate sobre medios de pago existe una discusión mucho más profunda: inclusión.

En la práctica, avanzar hacia una economía exclusivamente digital puede dejar fuera a miles de personas. Adultos mayores, sectores rurales, personas con baja alfabetización digital o trabajadores informales todavía dependen del efectivo para organizar su vida cotidiana. De hecho, la encuesta del Banco Central muestra que, mientras en la Región Metropolitana el uso cotidiano de efectivo alcanza 59%, en regiones sube a 72%. En ferias libres, el efectivo sigue siendo el principal medio de pago, con un 76%, y mantiene una presencia importante en el transporte público regional. Además, si el comercio dejara de aceptar efectivo, un 57% de las personas se vería afectada en mediana o gran medida.

La paradoja es interesante. Chile ha avanzado enormemente en digitalización financiera y eso es positivo. Las transferencias electrónicas ya concentran el 58% de las preferencias para pagos entre personas y las tarjetas dominan las compras sobre $10.000. Pero justamente porque la transformación digital avanza rápido, se vuelve necesario evitar que ese avance termine generando nuevas brechas.

El efectivo también cumple un rol clave en resiliencia. En escenarios de emergencia, caídas de sistemas, ciberataques o interrupciones eléctricas, sigue siendo el único mecanismo de pago completamente autónomo de la conectividad digital. Y en un contexto donde los riesgos tecnológicos y climáticos son cada vez mayores, esa capacidad no es menor.

Por supuesto, esto no significa frenar la innovación ni retroceder en digitalización. El desafío es otro: construir un sistema de pagos moderno, seguro e inclusivo, donde las personas puedan elegir cómo pagar.

Porque cuando un país elimina de facto el uso del efectivo, no solo cambia una forma de transacción. También reduce grados de autonomía para muchos ciudadanos. La verdadera inclusión financiera no consiste en obligar a todos a digitalizarse al mismo ritmo, sino en garantizar que nadie quede atrás durante la transición.

Por Jaime Bellolio, Director de Denaria Chile

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