
La manera en que una organización responde cuando las personas enfrentan una situación crítica puede convertirse en uno de los momentos más determinantes para su reputación. Rapidez, capacidad operativa, información clara y acompañamiento dejan de ser conceptos abstractos y pasan a formar parte de una experiencia concreta que puede fortalecer —o deteriorar— la confianza.
Esa es una de las principales lecturas que deja la Plaza Pública Cadem N°673, correspondiente a la tercera semana de julio de 2026. El estudio, realizado en medio de la emergencia provocada por el sistema frontal que afectó a distintas zonas de Chile, muestra que la contingencia no solo dominó la conversación pública, sino que también modificó temporalmente la evaluación de actores e instituciones y volvió a poner en el centro la capacidad del país para responder ante situaciones de crisis.
De acuerdo con Cadem, la aprobación del Presidente José Antonio Kast subió tres puntos, hasta 39%, mientras que la desaprobación retrocedió a 56%. Al mismo tiempo, el 52% de los encuestados consideró que el Gobierno tomó decisiones de manera oportuna y adecuada para enfrentar la emergencia. El 49% estimó que se utilizaron todos los recursos disponibles del Estado para ayudar a los afectados y el 42% consideró que hubo acompañamiento a las familias afectadas.
Más allá de la dimensión política, los resultados permiten observar un fenómeno especialmente relevante para organizaciones y marcas: en contextos de alta incertidumbre, la percepción de gestión cambia rápidamente cuando la ciudadanía puede evaluar acciones concretas y visibles.
El impacto del sistema frontal fue suficientemente significativo como para desplazar otras noticias de la agenda pública. Según la encuesta, un 58% identificó el “mega temporal y emergencia por sistema frontal en todo Chile” como la noticia más importante de la semana, muy por encima de otros acontecimientos nacionales e internacionales.
La percepción tiene una explicación directa: una parte importante de las personas encuestadas experimentó personalmente algún efecto de la emergencia.
El 53% señaló haber enfrentado inundaciones en calles o espacios públicos cercanos, mientras que un 32% sufrió cortes de electricidad. Además, un 27% tuvo dificultades para trasladarse y llegar a su hogar, un 26% experimentó problemas para acceder a internet o comunicarse por teléfono, un 18% reportó daños en su vivienda y otro 18% tuvo que dejar de asistir a su trabajo.
Estas cifras permiten dimensionar hasta qué punto una emergencia climática puede impactar simultáneamente distintas dimensiones de la vida cotidiana: movilidad, conectividad, suministro eléctrico, vivienda y actividad laboral.
Para las empresas, este escenario también abre una reflexión sobre la experiencia de marca durante situaciones extraordinarias. Cuando fallan servicios básicos o se dificulta la movilidad y la conectividad, la relación entre una organización y sus clientes deja de depender únicamente de su propuesta comercial. La capacidad para mantener operaciones, entregar información actualizada, responder solicitudes y adaptar temporalmente sus procesos puede convertirse en una dimensión fundamental de la reputación.
Uno de los hallazgos más llamativos de Plaza Pública Cadem es la distancia entre la percepción que las personas tienen sobre su propia capacidad de enfrentar una emergencia y la evaluación que hacen sobre la preparación del país.
Tras el temporal, un 61% consideró que Chile estaba poco o nada preparado para enfrentar este tipo de situaciones, mientras solo un 37% señaló que el país estaba muy o bastante preparado.
Sin embargo, al preguntar por la preparación personal y familiar, el escenario cambia: 69% afirmó que ellos y sus familias estaban muy o bastante preparados, aunque esta cifra cayó siete puntos respecto de la medición previa al sistema frontal. Un 28% declaró estar poco o nada preparado.
La diferencia resulta significativa. Sugiere la existencia de una percepción de mayor autonomía y preparación individual que confianza en la capacidad general de los sistemas para enfrentar una emergencia.
Desde la perspectiva de las empresas y las marcas, esta brecha puede ser especialmente relevante. Los consumidores enfrentan cada vez más situaciones de incertidumbre buscando anticiparse y resolver problemas por sus propios medios, pero al mismo tiempo esperan que las organizaciones de las que dependen tengan protocolos, infraestructura y mecanismos de respuesta capaces de funcionar cuando más se necesitan.
Por eso, la preparación ante contingencias comienza a formar parte de una dimensión más amplia de la confianza. No basta con contar con planes internos: las organizaciones también necesitan ser capaces de hacer visible que están preparadas, explicar qué están haciendo y comunicar oportunamente qué pueden esperar clientes, colaboradores y comunidades.
La encuesta de Cadem también permite observar cómo se distribuyó la confianza entre los distintos actores que participaron o estuvieron involucrados en la respuesta al temporal.
Carabineros obtuvo la mejor evaluación, con 77% de aprobación, seguido por los municipios, con 70%; las Fuerzas Armadas, con 66%; y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), con 61%.
Más abajo aparecen los medios de comunicación, con 55% de aprobación, seguidos por el Gobierno, con 51%; las empresas de agua y alcantarillado, con 50%; y las empresas eléctricas, con 44%.
Para el mundo empresarial, esta evaluación ofrece una señal interesante. Las organizaciones asociadas a servicios esenciales son observadas de manera especialmente crítica cuando las condiciones normales se interrumpen. En estos casos, la reputación corporativa se construye menos desde la comunicación institucional y mucho más desde la experiencia real del usuario.
Un corte de suministro, una demora en la reposición o la falta de información pueden tener un impacto reputacional inmediato. Del mismo modo, una respuesta rápida, una comunicación transparente y una solución efectiva pueden convertirse en oportunidades para fortalecer la relación con clientes y comunidades.
La emergencia también vuelve a demostrar el papel que cumplen los medios de comunicación. Su 55% de aprobación los sitúa en una posición intermedia, pero relevante, considerando que durante eventos de gran incertidumbre las personas dependen de información actualizada para tomar decisiones. Para las organizaciones, esto refuerza la necesidad de contar con estrategias de comunicación de crisis capaces de funcionar en múltiples canales y de entregar información verificable, sencilla y útil.
Los resultados muestran otro elemento que puede resultar especialmente útil para analizar la gestión de crisis.
Mientras el 52% considera que las decisiones del Gobierno fueron oportunas y adecuadas, la cifra baja a 49% cuando se consulta si se dispusieron todos los recursos del Estado y llega a 42% cuando se pregunta si el Gobierno acompañó a las familias afectadas.
Es decir, existe una diferencia entre la valoración de la capacidad de reacción y la percepción de cercanía o acompañamiento.
Aunque estos indicadores evalúan específicamente la gestión gubernamental, ofrecen una señal que también puede ser considerada por las organizaciones: resolver un problema y demostrar empatía no siempre son percibidos como la misma cosa.
En una situación crítica, las personas pueden valorar que una empresa reponga rápidamente un servicio, pero también esperan comprender qué ocurrió, recibir actualizaciones y sentir que existe preocupación por las consecuencias que el problema tuvo en sus vidas.
Para las marcas, esto implica entender la comunicación de crisis como algo más amplio que la entrega de información técnica. La transparencia, el tono, la empatía y la capacidad de reconocer el impacto que una situación genera sobre las personas son componentes cada vez más importantes de la confianza.
La medición también abordó el debate en torno al Plan de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico presentado por el Gobierno.
El nivel de conocimiento sobre su avance legislativo es elevado: 84% de los encuestados declaró saber que el Senado había aprobado el proyecto. Sin embargo, el respaldo a sus medidas se mantiene dividido: 42% señaló estar de acuerdo con el paquete y 52% manifestó estar en desacuerdo.
Respecto de su tramitación definitiva, un 43% consideró que la Cámara de Diputados debía aprobar el proyecto, mientras que un 46% estimó que debía rechazarlo.
El dato refleja un escenario donde existe un alto nivel de información sobre el tema, pero no necesariamente consenso respecto de las soluciones propuestas. Para organizaciones que participan en debates de interés público, esto vuelve a evidenciar que notoriedad, conocimiento y aceptación son dimensiones diferentes: una iniciativa puede ser ampliamente conocida sin que eso implique un respaldo equivalente.
El contexto en que ocurre esta emergencia también es relevante para comprender el comportamiento de las personas.
La medición muestra que solo un 17% considera que la economía chilena está progresando, mientras un 81% la percibe estancada o retrocediendo. En la evaluación económica personal y familiar, un 46% califica su situación como buena o muy buena y un 49% como mala o muy mala.
La mirada sobre las empresas es comparativamente más positiva: un 60% evalúa su situación económica como buena o muy buena, frente a un 33% que la califica negativamente. Sin embargo, cuando la pregunta se acerca directamente al bolsillo y a las perspectivas de las personas, el escenario se vuelve considerablemente más pesimista.
Solo un 10% evalúa positivamente la situación del empleo en Chile, mientras un 86% la considera mala o muy mala. Asimismo, apenas un 22% califica como buena o muy buena la situación económica de los consumidores para comprar bienes y servicios, frente a un 73% que la evalúa negativamente.
Para las marcas, esta combinación plantea un desafío evidente. Una percepción relativamente favorable respecto de la salud de las empresas convive con una fuerte preocupación por el empleo, la economía familiar y la capacidad de consumo.
En ese escenario, las estrategias de marketing necesitan comprender que el consumidor puede mostrarse más selectivo, sensible al precio y exigente respecto del valor que recibe. Las propuestas que demuestran utilidad concreta, transparencia y una relación clara entre precio y beneficio pueden adquirir mayor relevancia frente a aquellas desconectadas de las preocupaciones cotidianas.
Los datos de Cadem no constituyen una medición específica de reputación corporativa ni de comportamiento de marcas. Sin embargo, el contexto que describen entrega señales relevantes para quienes gestionan marketing, comunicaciones y asuntos corporativos.
La primera es que la confianza se construye especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad. Una emergencia pone a prueba promesas, procesos y capacidades reales.
La segunda es que la velocidad de respuesta importa, pero no reemplaza la necesidad de comunicar y acompañar. Las organizaciones deben ser capaces tanto de resolver como de explicar.
La tercera es que la continuidad operacional forma parte de la experiencia de marca. Servicios básicos, conectividad, canales digitales, atención al cliente y logística pueden convertirse rápidamente en factores reputacionales.
Finalmente, el estudio recuerda que las organizaciones están comunicando en un contexto donde existe una preocupación económica significativa. En momentos así, comprender el estado de ánimo de las personas resulta fundamental para construir mensajes relevantes y evitar comunicaciones percibidas como desconectadas de la realidad.
La última Plaza Pública Cadem deja, en definitiva, una imagen marcada por una paradoja: mientras una mayoría de las personas siente que cuenta con herramientas personales o familiares para enfrentar una emergencia, persisten dudas sobre la preparación del país y una evaluación crítica sobre algunos servicios esenciales. Al mismo tiempo, la economía, el empleo y la capacidad de consumo continúan siendo factores de preocupación.
Para las marcas y empresas, el mensaje es claro: en escenarios de incertidumbre, la confianza se gana menos con declaraciones y más con capacidad de respuesta, consistencia y acciones concretas.
Preguntas clave
¿Qué porcentaje de los chilenos cree que el país está preparado para enfrentar temporales?
El 37% considera que Chile está muy o bastante preparado, mientras el 61% cree que está poco o nada preparado.
¿Cuáles fueron los principales problemas provocados por el sistema frontal?
El 53% reportó inundaciones en calles o espacios públicos cercanos y el 32% sufrió cortes de electricidad. También se registraron dificultades de movilidad, conectividad y daños en viviendas.
¿Qué instituciones fueron mejor evaluadas durante la emergencia?
Carabineros lideró con 77% de aprobación, seguido de los municipios con 70%, las Fuerzas Armadas con 66% y Senapred con 61%.
¿Cómo está la percepción de los consumidores sobre la economía?
El panorama sigue siendo cauteloso: 73% evalúa negativamente la capacidad económica de los consumidores para comprar bienes y servicios y 86% tiene una evaluación negativa de la situación del empleo.
¿Qué implica este escenario para las marcas?
Los resultados sugieren un entorno donde la continuidad de servicio, la capacidad de respuesta ante crisis, la comunicación transparente, la empatía y una propuesta clara de valor pueden ser factores especialmente relevantes para construir confianza.
Fuente
Estudio Plaza Pública Cadem N°673, tercera semana de julio de 2026, con trabajo de campo realizado el 17 de julio de 2026 sobre 1.002 casos, mediante encuestas online y cobertura de 167 comunas de las 16 regiones de Chile.
Ver estudio oficial en Cadem
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