“Los Óscars son un pésimo ejemplo de reconocimiento laboral”: por qué premiar una vez al año ya no funciona en las empresas

Paulina gutiérrez, chief happiness officer y fundadora de Somos Reconoce confirma que las experiencias de reconocimiento están cambiando la forma en que las empresas construyen pertenencia.

En la antesala del Día del Trabajador, las empresas se están replanteando cómo hacer que las personas realmente se sientan valoradas dentro de las organizaciones. En Chile, solo el 32% de los colaboradores aprueba las políticas de reconocimiento de su empresa, según el estudio Proqualitas y la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile (2024-2025), lo que evidencia una brecha entre el discurso corporativo y la experiencia cotidiana de los trabajadores. Frente a este escenario, Paulina Gutiérrez, Chief Happiness Officer y fundadora de Somos Reconoce, impulsa un modelo de experiencias de reconocimiento integrales que busca transformar el gesto simbólico en un sistema vivo dentro de las organizaciones, activando emociones de pertenencia dentro de los equipos. Entre las tendencias que hoy están marcando el cambio destacan la creciente búsqueda de partners especializados que diseñen experiencias de reconocimiento durante todo el año y el nuevo foco en practicantes y colaboradores jóvenes, entendidos cada vez más como futuros embajadores de la cultura organizacional.

Durante años, muchas empresas entendieron el reconocimiento laboral como un gesto puntual: un regalo en una fecha especial, una gift card en fin de año o una ceremonia anual para premiar a algunos colaboradores destacados. Hoy ese paradigma está cambiando. Cada vez más organizaciones están comprendiendo que el reconocimiento funciona de manera muy distinta: como una experiencia que debe diseñarse dentro del viaje completo del colaborador, desde su llegada a la empresa hasta los momentos clave de su desarrollo profesional.

Ese cambio de mirada es el que confirma e impulsa el trabajo de Paulina Gutiérrez, Chief Happiness Officer y fundadora de Somos Reconoce, empresa especializada en diseñar experiencias de reconocimiento laboral que buscan activar emociones de pertenencia dentro de los equipos. Según explica Paulina Gutiérrez, el foco ya no está en el objeto que se entrega, sino en el momento que se construye alrededor de ese gesto. “Más que el regalo, lo importante es qué quieres comunicar con ese momento. Cuando una persona se siente reconocida por su equipo, se activa algo muy profundo: autoconfianza, gratitud y sentido de pertenencia”, explica.

En ese contexto, una de las tendencias que Paulina Gutiérrez observa con mayor fuerza es que cada vez más empresas están externalizando la gestión de estas experiencias, buscando partners especializados que diseñen programas de reconocimiento durante todo el año. “Antes las empresas resolvían el reconocimiento de manera improvisada. Hoy muchas están buscando partners que diseñen experiencias integrales anuales, porque entienden que el reconocimiento forma parte de la cultura organizacional”, afirma.

Para Paulina Gutiérrez, uno de los problemas históricos del reconocimiento en las empresas es que muchas organizaciones lo han entendido como un evento puntual: “Los Óscar son un pésimo ejemplo de reconocimiento laboral. Es una ceremonia que ocurre una vez al año. Pero el reconocimiento real no funciona así. Para que tenga impacto debe ser un sistema vivo, algo que esté presente durante todo el año dentro de la organización”, explica Paulina Gutiérrez.

Uno de los formatos que mayor impacto genera son los llamados círculos de reconocimiento, encuentros grupales donde equipos de trabajo se reúnen para identificar y expresar públicamente las fortalezas y aportes de sus compañeros. En estos espacios, los participantes comparten logros, agradecimientos y experiencias vinculadas a los valores de la organización. “Cuando escuchas a tu propio equipo decir qué valoran de tu trabajo, se activa algo muy poderoso. Las personas necesitan sentirse vistas”, señala Paulina Gutiérrez.

Las experiencias suelen desarrollarse en grupos pequeños y duran entre 40 minutos y una hora. El objetivo no es solo felicitar a alguien, sino abrir un espacio donde el equipo pueda detenerse y reconocer aquello que muchas veces pasa desapercibido en la rutina laboral. Según explica Paulina Gutiérrez, el impacto suele ser inmediato. “Muchas personas llegan pensando que es una actividad más y terminan profundamente emocionadas. A veces incluso lloran, porque no estamos acostumbrados a recibir reconocimiento en público”, comenta.

Estas experiencias pueden activarse en distintos momentos del ciclo laboral. Uno de los más relevantes es el onboarding, donde algunas organizaciones están incorporando rituales de bienvenida diseñados para generar conexión desde el primer día, como mensajes personalizados del equipo o dinámicas de integración.

También aparecen en hitos organizacionales como aniversarios laborales, procesos de integración de equipos o efemérides internas. Por ejemplo, en instancias como el Día de la Mujer, algunas empresas desarrollaron espacios de conversación y reconocimiento donde las propias colaboradoras compartieron sus trayectorias y logros dentro de la organización. “Nos interesa que las personas hablen desde su propia experiencia, que puedan reconocer su camino y también reconocer a otras dentro de su equipo. Eso genera conversaciones muy poderosas”, explica Paulina Gutiérrez.

Otro de los cambios más llamativos que Paulina Gutiérrez ha observado en los últimos años es la creciente preocupación de las empresas por la experiencia de los practicantes. “Históricamente los practicantes eran el último eslabón dentro de la organización. Hoy vemos que muchas empresas están diseñando experiencias específicas para ellos desde el primer día”, comenta.

La razón es estratégica. Un practicante que vive una experiencia laboral positiva puede convertirse no solo en un futuro colaborador, sino también en un embajador natural de la organización dentro de su entorno. “Los practicantes hablan. Le cuentan a sus compañeros de universidad, a su familia y a sus redes cómo fue su experiencia. Esa experiencia termina influyendo en la reputación de la empresa”, señala Paulina Gutiérrez. Este enfoque está estrechamente ligado a una tendencia que cada vez gana más fuerza en el mundo corporativo: la construcción de marca empleadora.

Esto cobra aún más valor frente a la realidad que hoy viven las organizaciones,  ya que no solo compiten  por clientes, sino también por atraer y retener talento. “Hoy las empresas compiten por las personas. Y cuando el talento tiene opciones, la experiencia laboral se vuelve decisiva”, afirma Paulina Gutiérrez.

En un contexto donde la inteligencia artificial está transformando industrias completas y democratizando el acceso a la información, la cultura organizacional vuelve a ocupar un lugar central. “Hoy todas las empresas tienen acceso a la misma información. Lo que realmente va a diferenciar a una organización de otra son las personas que trabajan dentro de ella”, sostiene Paulina Gutiérrez.

Por eso, concluye, el reconocimiento laboral ya no puede entenderse como un gesto simbólico o un premio ocasional. Debe convertirse en una experiencia viva dentro de la cultura de la empresa, capaz de fortalecer el vínculo entre las personas y recordar algo esencial dentro de cualquier organización: que detrás de los resultados, siempre hay personas que necesitan sentirse vistas y valoradas.

Más información y contenido en @somosreconoce_com.

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