Las empresas familiares no solo constituyen la forma organizacional más extendida a nivel mundial, sino también son uno de los pilares más relevantes de la actividad económica y social. Controlan cerca de la mitad de las grandes compañías en economías avanzadas y emergentes, representan alrededor del 85% de las start-ups y generan una parte significativa del PIB y del empleo a nivel global.

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Pese a su enorme presencia, solo en los últimos años la investigación se ha enfocado en comprender su lógica operativa y los factores que determinan su desempeño. En este contexto, un concepto ha ganado especial protagonismo: la riqueza socioemocional, entendida como el capital afectivo asociado a la propiedad y gestión familiar. Este capital se vincula estrechamente con la identidad, la forma de gobierno y la relación emocional que los miembros de la familia mantienen con su empresa, lo que se traduce en una visión de continuidad generacional y en una fuerte preferencia por preservar el control. Ello explica por qué muchas empresas familiares privilegian los objetivos de largo plazo por sobre los retornos financieros de corto plazo.
Chile no es la excepción. Según un estudio de la Universidad de los Andes (2022), cerca del 70% de las empresas nacionales -excluyendo microempresas- tienen carácter familiar, aportando entre el 50% y el 70% del PIB y del empleo. Un informe del Instituto de Directores de Chile (2025) confirma esta relevancia y muestra, además, una creciente diversificación sectorial, junto con un desafío persistente: solo un 32% cuenta con un plan formal de sucesión.
En lo que respecta a la riqueza socioemocional en las empresas familiares chilenas, la evidencia nacional ha mostrado su rol estratégico. Los análisis indican que cuando la continuidad del negocio se percibe en riesgo, el deseo de preservar la riqueza socioemocional puede impulsar la innovación, la intensidad competitiva y, en consecuencia, el desempeño. Asimismo, los datos sugieren que las empresas familiares chilenas asumen mayores niveles de riesgo que las no familiares, motivadas por la búsqueda de oportunidades que refuercen su posición de largo plazo, tanto en lo financiero como en lo emocional. Otro hallazgo relevante indica que la orientación a la marca se ve favorecida por la riqueza socioemocional, y que cuanto mayor es dicha orientación, mejor es su desempeño económico.
Estudios recientes profundizan en esta relación. Los resultados revelan que la riqueza socioemocional influye positiva y significativamente en el desempeño, siendo determinantes el apego emocional y la renovación de los lazos familiares a través de procesos de sucesión bien gestionados. Además, contrario a la creencia de que las empresas familiares son conservadoras, se observa que las capacidades dinámicas -especialmente la absorción de conocimiento externo y la generación de nuevas propuestas de valor- son esenciales para competir en entornos cambiantes, y que su impacto es mayor cuando la riqueza socioemocional está fortalecida.
Investigaciones adicionales sugieren que la proactividad estratégica y la riqueza socioemocional actúan de manera complementaria, ya que cuando ambas están alineadas, la orientación emprendedora se traduce con más fuerza en resultados empresariales. Esto sugiere que combinar un enfoque estratégico proactivo con la preservación de los objetivos socioemocionales familiares puede ser un mecanismo poderoso para aumentar la competitividad. También subraya el valor estratégico de fomentar iniciativas emprendedoras mientras se resguarda el capital socioemocional que define la identidad y la continuidad de las empresas familiares.
En consecuencia, para que Chile avance hacia un desarrollo sostenible y un mayor bienestar, necesita promover condiciones que permitan a las empresas familiares seguir desempeñando un rol central en el sistema productivo nacional. La evidencia apunta a que la riqueza socioemocional es un recurso estratégico capaz de fortalecer la competitividad, asegurar la continuidad y resguardar el capital afectivo que distingue a este tipo de organizaciones. Reconocerlo y potenciarlo no solo favorece a las familias empresarias, sino también al país en su conjunto.

Académico, Escuela de Negocios, Universidad Adolfo Ibáñez
PhD in Management Sciences, ESADE Business School
Doctor en Empresa, Universidad de Barcelona
Doctor en Ciencias de la Gestión, Universidad Ramon Llull