
Cuando Neal Mohan, CEO de YouTube, declaró en febrero de este año (coincidiendo con el vigésimo aniversario de la compañía) que “YouTube es la nueva televisión”, no solo provocó titulares: encendió el debate. ¿Puede una plataforma que aloja miles de millones de videos de todo tipo (de los cuales, según investigaciones recientes, más del 40% corresponde a música sin discurso alguno y menos del 0,5% cuenta con algún tipo de monetización -BBC, 2025) equipararse a un medio que durante décadas ha sido sinónimo de contenidos premium y eventos masivos?
Como suele ocurrir, la discusión se presenta en términos de confrontación. Pero quizás la clave no esté en preguntarse quién reemplaza a quién, ni quién es el nuevo qué, sino en reconocer que la televisión y YouTube ya conviven en un mismo ecosistema, con roles y hábitos de consumo distintos, pero complementarios. Y con ello, están redefiniendo también el concepto mismo de televisión.
Los canales de TV abierta hace tiempo que dejaron de ser solo emisoras lineales o broadcasters. Hoy operan como plataformas integrales de contenidos, con presencia en streaming, aplicaciones, redes sociales y YouTube.
A pesar de que muchos “expertos-apocalípticos” llevan años anunciando el fin de la televisión, lo cierto es que la llegada de los gigantes digitales no ha significado su desaparición, sino más bien su adaptación (con mayor o menor tensión) a nuevas formas de consumo.
Como anticipaba el filósofo Marshall McLuhan hace ya más de medio siglo, los medios nunca mueren: cambian de función, se transforman cuando nuevos actores entran en escena.

YouTube, con su fragmentación casi infinita, es lo más parecido a un océano de contenidos: un mosaico donde conviven videos caseros, creadores independientes, música, transmisiones en vivo, producciones profesionales y un largo etcétera. Y, aun así, en medio de ese entorno disperso, los datos muestran que los canales de TV logran sobresalir y ganar protagonismo a pesar del ruido y la diversidad de propuestas.
En Chile, la participación de YouTube alcanza un 18% del consumo total de video dentro de los hogares, según los resultados de Kantar (abril-septiembre, 07:00-01:00 hrs). Está por debajo de la TV abierta, que concentra el 50% del consumo y se mantiene como el medio más visto y de mayor alcance. Si bien en la medición de Kantar aún no es posible conocer qué tipo de contenido se está consumiendo dentro de YouTube (ni la plataforma entrega datos oficiales al respecto), la medición de Data Trip muestra que, entre las transmisiones en vivo más vistas en YouTube Chile durante el primer semestre de 2025, figuran principalmente programas o eventos de canales de TV abierta, sin que esto implique una concentración del consumo; al contrario, este se reparte en un gran long tail de contenidos.
Esto demuestra que, incluso en ese mosaico de contenidos, la televisión sigue proyectando su fuerza y conexión emocional, manteniendo protagonismo dentro del ecosistema digital.
Un buen ejemplo de esta convergencia son los formatos de reacción en vivo o react: transmisiones en YouTube donde hosts y comunidades interactúan de manera sincrónica alrededor de un programa de TV; formato en el que Chilevisión fue pionero en Chile. No duplican la señal, sino que la reinterpretan con códigos digitales, conectando con nuevas audiencias y resignificando el valor del contenido.

Un caso reciente son los reacts del programa de Chilevisión Fiebre de Baile, conducido por el comediante Claudio Michaux, junto con La Previa de los influencers David Montoya y Tomás “El Tomi” Printemps (TheEllasShow). En su primera semana, ambos reacts superaron el millón de vistas, y el espacio de Michaux se convirtió en la transmisión en vivo más vista en todo YouTube Chile durante esos días, según Data Trip.
Si se suma todo el contenido asociado al programa en YouTube (VOD, clippings y reacts), el acumulado en la primera semana de programa superó los 3,5 millones de visualizaciones y más de un millón de usuarios únicos: un 22% de alcance incremental respecto a la TV (sin desduplicar), considerando que, según datos de Kantar, Fiebre de Baile superó los 4 millones de personas en su primera semana en televisión, siendo lo más visto en el prime-time de la TV abierta.
Lo relevante no son solo las cifras absolutas, sino la complementariedad de audiencias: mientras en TV abierta la audiencia fue mayoritariamente de 35 años o más, en YouTube se concentró principalmente en los menores de 34 años. Dos perfiles distintos, dos formas de consumo y de conexión, pero una misma marca que se potencia en ambos espacios.
El resultado está a la vista: mayor alcance, transversalidad y engagement. La televisión se revitaliza y extiende su relevancia al dialogar con nuevas generaciones en formatos propios de las plataformas digitales.
La pregunta ya no es si YouTube reemplazará a la televisión, sino cómo ambas se integran para generar más valor. La TV sigue siendo la gran fábrica de contenidos premium y de conexión desde lo local, mientras que YouTube ofrece escala, segmentación y conversación global.
Para las marcas, lo importante es entender esta convergencia no como una dicotomía, sino como una alianza estratégica: un ecosistema donde los mensajes viajan entre pantallas, suman impactos y construyen vínculos más profundos con las audiencias.
En definitiva, la televisión no desaparece ni se rinde: se transforma y se expande, incluso dentro de YouTube. Y ahí, en esa convergencia, es donde anunciantes y audiencias encuentran las mayores oportunidades.