Inversiones por más de US $4.000 millones hacia 2028, mayor demanda por infraestructura de baja latencia, expansión de servicios cloud e inteligencia artificial, y creación de empleos altamente especializados son las proyecciones que hace Francisco Basoalto, presidente de Chile Data Centers.

La consolidación de un ecosistema digital que se reconoce a sí mismo como estratégico está en la base del crecimiento explosivo de Chile Data Centers, organización que, en un año de existencia, registró un aumento superior al 800% en la cantidad de empresas socias. “Chile Data Centers surge como resultado natural de un ecosistema digital chileno que alcanzó la madurez suficiente para necesitar una organización capaz de articularlo. Más que un gremio tradicional, somos un espacio común donde convergen empresas de tecnología, infraestructura, energía y consultoría que sostienen la operación digital del país”, explica Francisco Basoalto, su presidente.
La organización se plantea como propósito impulsar una visión compartida del desarrollo digital, elevando la conversación desde los proyectos individuales hacia una mirada sistémica, moderna y sostenible. Desde ahí promueve estándares, coordinación público-privada y capacidades que permitan que Chile no solo reciba inversión tecnológica, sino que la conduzca, la potencie y la transforme en competitividad, innovación y bienestar para las personas. Basoalto precisa que, “en esencia, trabajamos junto al ecosistema digital, para fortalecer a Chile como el destino más competitivo de la región para la instalación de data centers”.
En su primer año de existencia, Chile Data Centers incorporó a más de 70 empresas que representan todas las capas de la cadena de valor, lo que demuestra que el desarrollo de centros de datos es un esfuerzo colectivo. A esto se suma la maduración de mesas de trabajo —Regulación, Sustentabilidad, Talento y Energía— que se han transformado en espacios donde la industria construye soluciones concretas que buscan contribuir a enriquecer el debate público. “Quizás lo más relevante es que, en muy poco tiempo, Chile Data Centers se posicionó como la voz técnica del desarrollo digital en debates como permisos, sostenibilidad, planificación territorial e inteligencia artificial. Ese reconocimiento nos permite hoy mirar de manera sistémica un sector que está llamado a ser un motor del crecimiento futuro”, sostiene Basoalto.

Los centros de datos son la infraestructura invisible que sostiene casi todo lo que hoy entendemos por vida digital. Para las empresas, significa continuidad operativa, inteligencia, escalabilidad y seguridad. Para el país, son la base que permite que servicios esenciales funcionen sin interrupciones: desde atención de salud y transporte urbano, hasta comunicación, acceso al conocimiento, transacciones bancarias, logística, inteligencia artificial y comercio electrónico. Ese funcionamiento continuo no solo impacta a las organizaciones, sino también la vida cotidiana de millones de personas, que dependen a diario de plataformas digitales para estudiar, trabajar, movilizarse, informarse o acceder a servicios públicos de manera más rápida y eficiente. En términos económicos, los data centers atraen inversión, generan empleos especializados y elevan el estándar tecnológico nacional. En un escenario donde la digitalización es un requisito y no una opción, los centros de datos se han convertido en un componente estructural de la competitividad del país y en un habilitador directo de mejor calidad de vida para la ciudadanía.
Nuestra visión es que Chile deje de ser visto sólo como un destino atractivo para instalar infraestructura, y pase a ser reconocido como un ecosistema digital líder, capaz de proveer servicios, talento, innovación y sostenibilidad a escala regional. Esto requiere asegurar condiciones habilitantes —energía limpia, talento especializado, regulación moderna, conectividad internacional avanzada— pero también desarrollar una narrativa país que entienda el desarrollo digital como parte del proyecto estratégico nacional. Chile ya cuenta con atributos únicos; lo que viene ahora es fortalecer la gobernanza, contar con capital humano avanzado y acelerar la toma de decisiones para consolidar una ventaja competitiva que no muchos países pueden ofrecer.
La proyección es contundente: inversiones por más de US $4.000 millones hacia 2028, mayor demanda por infraestructura de baja latencia, expansión de servicios cloud e inteligencia artificial, y creación de empleos altamente especializados. Esto no solo elevará la capacidad tecnológica del país, sino que generará nuevas industrias complementarias, más innovación y un salto competitivo comparable a los grandes ciclos de desarrollo que ha tenido Chile en otras áreas estratégicas. La infraestructura digital será, cada vez más, un motor de productividad y un habilitador de políticas públicas más eficientes. Para que podamos cumplir con esta meta, también es fundamental que la legislación, vigente y en discusión, vaya en línea con fomentar un ecosistema sano que propicie la inversión y no la frene.
Como gremio buscamos fortalecer las condiciones que permitan que esta industria crezca con orden, sostenibilidad y competitividad global. Nuestros objetivos incluyen avanzar hacia procesos de permisos más claros, predecibles y coordinados, impulsar estándares ambientales y de eficiencia energética que estén a la altura de las exigencias internacionales, contribuir al desarrollo de capital humano especializado mediante alianzas formativas, promover una planificación territorial moderna y aportar información técnica que permita diseñar políticas públicas acordes al ritmo de la transformación digital. El foco es construir un ecosistema preparado para la escala que exige el futuro.
La sostenibilidad es un eje estructural del sector y parte central del trabajo que impulsamos como asociación. A través de nuestra Mesa de Sustentabilidad desarrollamos un decálogo que orienta desde el diseño eficiente y el uso responsable de los recursos naturales, hasta la trazabilidad energética y la relación temprana con comunidades. Asimismo, promovemos tecnologías de enfriamiento y eficiencia energética que ya están redefiniendo los estándares globales del sector. Nuestro objetivo es que Chile sea reconocido no solo por su capacidad instalada, sino por su capacidad de operar centros de datos en armonía con las comunidades en que operamos y alineados con los compromisos climáticos nacionales.
Chile combina dos elementos difíciles de encontrar en conjunto: una matriz eléctrica que supera el 66% de generación renovable y una infraestructura de conectividad robusta, con más de 62.000 km de fibra óptica, despliegue avanzado de 5G y siete cables submarinos que nos conectan globalmente. A esto se suman nuevas políticas públicas como el Plan Nacional de Data Centers, que es un puntapié inicial y permite ordenar el debate. Esta combinación de energía limpia, resiliencia digital y gobernanza sectorial convierte al país en un nodo ideal para el almacenamiento y procesamiento de datos a escala global.
Las alianzas público-privadas son esenciales para anticipar necesidades, habilitar inversión y dar coherencia a las decisiones que afectan directamente el desarrollo de infraestructura digital. La coordinación con ministerios sectoriales, agencias técnicas, gobiernos regionales y actores especializados ha permitido avanzar en temas clave como energía, permisos, planificación y sostenibilidad. En paralelo, el talento local se ha vuelto una prioridad; la industria enfrenta una brecha concreta de profesionales y técnicos especializados en áreas como operación de infraestructura clave, refrigeración avanzada, ciberseguridad y redes, una necesidad que está ampliamente documentada en distintos estudios y diagnósticos del sector. Desde Chile Data Centers trabajamos con instituciones educativas, empresas y organismos públicos para fortalecer la formación y la reconversión laboral, articulando esfuerzos que permitan responder al crecimiento acelerado de la industria y asegurar que el país cuente con las capacidades necesarias para sostener su expansión digital.
Los desafíos más urgentes son modernizar los procesos de permisos, cerrar la brecha de capital humano y profundizar la sostenibilidad como estándar de diseño. La permisología sigue siendo compleja y heterogénea entre regiones y en las mismas comunas, lo que exige avanzar hacia criterios más coordinados y previsibles. En talento, es necesario acelerar programas de formación y reconversión que respondan a la demanda real del sector. Y en sostenibilidad, debemos continuar adoptando tecnologías y prácticas que reduzcan la huella hídrica y energética, integrando desde el inicio una visión territorial responsable. Abordar estos desafíos de manera conjunta permitirá que Chile consolide su liderazgo y capture plenamente las oportunidades de la economía digital.