Marketing 2026: claridad estratégica en un escenario acelerado

El inicio de un nuevo año siempre invita a proyectar; finalizar un año no es simplemente un cambio de calendario. Y este naciente año 2026 también traerá aspectos importantes a considerar si queremos proyectar escenarios posibles para los negocios y las marcas.

A nivel global continuará la incertidumbre geopolítica, el desarrollo tecnológico seguirá impactando el valor de las compañías globales y locales, en nuestro país comienza un nuevo ciclo presidencial; en fin, pueden ser innumerables las variables a incorporar en el análisis. Sin embargo, para la industria del marketing global y local, en el año que comienza podemos esperar que continúen los cambios y parece interesante ponerlos en contexto.

La inteligencia artificial, la automatización, la fragmentación de audiencias y la transformación de los hábitos culturales ya no son tendencias en observación: son condiciones estructurales del entorno en el que operan hoy las marcas.

En esta edición quisimos detenernos a mirar el futuro inmediato del marketing desde una perspectiva amplia, integrando tecnología, negocio, cultura, regulación e infraestructura. Porque si bien la IA está redefiniendo la forma en que producimos, personalizamos y distribuimos contenidos, el verdadero desafío no está en la herramienta, sino en cómo la industria es capaz de usarla con criterio, responsabilidad y sentido estratégico.

Como ya prevemos, la inteligencia artificial acelerará procesos, reducirá fricciones y abrirá oportunidades inéditas para la personalización y la eficiencia. Pero también pondrá a prueba la solidez de las marcas. En un escenario donde la producción de contenido se vuelve masiva y casi instantánea, la diferencia ya no la marcará quien comunica más, sino quien comunica y conecta mejor. Sin una idea clara, una propuesta de valor consistente y una promesa cumplida en el tiempo, la tecnología solo amplifica el ruido.

Este nuevo contexto obliga a repensar la relación entre marcas, agencias y partners estratégicos. El marketing deja atrás la lógica de la campaña aislada para avanzar hacia modelos de colaboración más profundos, donde las agencias se consolidan como socios de negocio, capaces de entender el contexto cultural, los objetivos comerciales y los desafíos de crecimiento de largo plazo. Pensar antes de hacer, y hacer con sentido, se vuelve una premisa básica para competir en mercados cada vez más exigentes.

Al mismo tiempo, 2026 se perfila como un año clave para el regreso con fuerza de la experiencia de marca. El BTL, las activaciones, los eventos y los contenidos en vivo recuperan protagonismo en un ecosistema donde las personas buscan conexión, emoción y experiencias memorables. Lejos de ser opuestos, la tecnología, la inteligencia artificial y las experiencias presenciales se complementan: la innovación potencia la experiencia, y la experiencia le devuelve humanidad a la tecnología.

Todo este desarrollo ocurre, además, en un marco que no puede ser ignorado: el legislativo y regulatorio. El marketing seguirá desplegándose en un entorno donde la protección de datos, las nuevas normas sectoriales y el debate sobre la regulación de la IA serán parte del día a día. En ese escenario, la autorregulación aparece como un activo estratégico de la industria, capaz de equilibrar innovación y responsabilidad, evitando respuestas apresuradas que terminen restringiendo la libertad de expresión comercial, la libre competencia y el derecho de las marcas a informar.

Desde ANDA creemos firmemente que el desarrollo del marketing debe construirse sobre una base de confianza. Confianza en las marcas, en los mensajes, en los datos y en las tecnologías que utilizamos. Esa confianza no se impone por decreto: se construye con buenas prácticas, ética publicitaria, colaboración entre actores y una industria consciente de su impacto económico, social y cultural.

Chile enfrenta este escenario con ventajas relevantes. La infraestructura digital, el desarrollo de centros de datos, la conectividad y el avance en inteligencia artificial posicionan al país como un actor destacado en la región. Sin embargo, el desafío es claro: escalar esa capacidad, democratizar su adopción y asegurar que la innovación llegue a toda la cadena de valor, desde las grandes marcas hasta las pymes, desde Santiago hasta las regiones.

El 2026 nos desafía a elevar el estándar. A pasar del entusiasmo tecnológico a la estrategia, del volumen a la relevancia, de la ejecución táctica a la construcción de marcas sólidas y sostenibles. El marketing sigue teniendo un rol fundamental: ayudar a las personas a elegir mejor, a las empresas a crecer con responsabilidad y a la sociedad a avanzar con información, creatividad y sentido.

Ese es el debate que queremos abrir en esta edición. Y es, sin duda, uno de los grandes desafíos que marcarán el año que comienza.

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