Para Eugenia Nieva, gerente general de Kimberly-Clark Chile, con una carrera que incluyó más de 20 años en el área de Marketing, su valor es clave para leer el contexto cultural, entender al consumidor en profundidad y orientar decisiones clave de innovación y portafolio. “En categorías donde la competencia es alta, la marca cumple un rol fundamental al generar confianza, cercanía y relevancia en la vida cotidiana de las personas”, sostiene.

Con presencia en distintas y muy sensibles etapas de la vida de sus consumidores, en Kimberly-Clark se entiende y vive la responsabilidad de promover un impacto positivo y sostenido en la sociedad. “Cuando la sostenibilidad y el impacto social están integrados de manera genuina a la estrategia del negocio, dejan de ser iniciativas aisladas y se convierten en motores de valor a largo plazo para la compañía y la sociedad”, afirma Eugenia Nieva, gerente general de la compañía en Chile.
Relevando una historia de más de 150 años, destaca que las decisiones de largo plazo que la empresa ha ido tomando explican que siga siendo competitiva, con innovaciones disruptivas y propuestas diferenciadas que responden directamente al profundo conocimiento de sus consumidores.
Chile es un mercado exigente y muy consciente de lo que consume. Esa madurez abre oportunidades relevantes para crear valor desde la innovación, la diferenciación y una comprensión profunda de las personas. Vemos espacio para seguir desarrollando propuestas de mayor valor agregado y para fortalecer el vínculo con nuestros consumidores y clientes, siempre con una mirada de largo plazo. Chile también cumple un rol relevante dentro de la región como un mercado donde se prueban y escalan algunas iniciativas que luego pueden replicarse en otros países. El portafolio de marcas de Kimberly-Clark es amplio y diverso, abarcando múltiples categorías y diseñado para responder a las necesidades de distintos perfiles de consumidor.
El entorno actual es complejo y cambiante. Hay presión sobre costos, mayor volatilidad y una expectativa social cada vez más clara respecto del rol que deben cumplir las empresas. Frente a ese escenario, entendemos que no podemos perder el foco ni detenernos. Al contrario, es justamente en contextos de transformación donde se vuelve aún más relevante seguir innovando, pensando no solo en el negocio, sino también en las personas y en la sociedad en su conjunto.
En 2025 avanzamos con iniciativas que reflejan esa mirada. Kotex impulsó Gamehers, el primer torneo regional femenino de Valorant, como una forma de desafiar estereotipos y abrir espacios de representación. Ese mismo año lanzamos Kotex Overnight, una toalla diseñada para ofrecer mayor protección en situaciones de flujo intenso. En cuidado infantil, Huggies Natural Care incorporó tecnología de doble zona de absorción, siendo pionero en Latinoamérica, además de los nuevos Huggies Overnight que acaban de llegar a los puntos de venta. Son ejemplos concretos de cómo respondemos a la complejidad sin perder claridad estratégica ni compromiso con quienes nos eligen.
La relación con los consumidores ha cambiado de manera profunda. Hoy las personas esperan que las marcas entiendan su contexto, escuchen activamente y respondan con soluciones que realmente aporten valor. En el centro de todo lo que hacemos está el consumidor, que evoluciona constantemente y nos desafía a adaptarnos para satisfacer sus necesidades de manera relevante.
Huggies Dermacare es un buen ejemplo de cómo abordamos esa evolución. A partir de la escucha activa, entendimos que el cuidado de la piel del bebé es una preocupación central para madres y padres en las primeras etapas de la crianza. Dermacare nace de esa necesidad y se traduce en una propuesta concreta, con materiales suaves y respirables, hasta doce horas de sequedad, vitamina E y una tecnología exclusiva como el bolsillo atrapa fugas. Más que un lanzamiento, es una respuesta directa a lo que las familias valoran y esperan.
En Kimberly-Clark, el crecimiento está estrechamente ligado a la responsabilidad. Nuestras marcas acompañan a las personas a lo largo de todas las etapas de la vida, desde el nacimiento, la primera menstruación y la maternidad, hasta la adultez. Estar presentes en momentos tan únicos implica una gran responsabilidad. Por eso, entendemos que nuestro impacto, nuestros resultados y nuestro compromiso social y ambiental forman parte de la conversación estratégica del negocio.
Ese compromiso se estructura a través de nuestra Estrategia de Sustentabilidad 2030, lanzada en 2020, con metas claras y medibles. Trabajamos de manera constante en la reducción de nuestra huella ambiental, desde el uso de fibras certificadas hasta la optimización de empaques y procesos productivos. Al mismo tiempo, desarrollamos iniciativas de impacto social que buscan ampliar el acceso a productos esenciales y a instancias de educación. Un ejemplo concreto es la renovación, por sexto año consecutivo, de nuestra alianza con UNICEF en América Latina, enfocada en fortalecer los sistemas de salud neonatal y apoyar el desarrollo de la primera infancia. Además, impulsamos espacios de educación menstrual y salud en conjunto con ONG aliadas y en escuelas, trabajando con niños, niñas y familias.
Creo que hoy las marcas pueden y deben ir más allá del producto. Por su escala y por el lugar que ocupan en la vida cotidiana de las personas, tienen la oportunidad de promover un impacto positivo y sostenido en la sociedad. Cuando la sostenibilidad y el impacto social están integrados de manera genuina a la estrategia del negocio, dejan de ser iniciativas aisladas y se convierten en motores de valor a largo plazo para la compañía y la sociedad.
Desarrollé mi carrera en el área de Marketing durante más de veinte años, y eso influye directamente en mi forma de entender la estrategia. Para mí, el marketing es una función central del negocio. Cuando está bien integrado, permite leer el contexto cultural, entender al consumidor en profundidad y orientar decisiones clave de innovación y portafolio. Es una herramienta fundamental para construir marcas relevantes y sostenibles en el tiempo.
Kimberly-Clark es una compañía con más de 150 años de historia y pionera en muchas de las categorías en las que seguimos operando hoy. Esa trayectoria nos ha enseñado que la construcción de marca y la visión de largo plazo no son opcionales, sino condiciones necesarias para sostener la competitividad a lo largo del tiempo.
La presión por los resultados inmediatos existe, pero también vemos que las marcas que han sabido invertir de manera consistente son las que logran seguir siendo relevantes, incluso en contextos complejos. El hecho de que hoy sigamos siendo una compañía competitiva, con innovaciones disruptivas y propuestas diferenciadas, es una consecuencia directa de haber tomado decisiones de largo plazo en distintos momentos de nuestra historia.
Defender la inversión en marca implica entender que el valor no se construye de un trimestre a otro. No se trata de elegir entre corto o largo plazo, sino de gestionar ambos con coherencia y una mirada estratégica que permita seguir creando valor para las personas y para el negocio.
La transformación digital ha cambiado la forma en que analizamos información y tomamos decisiones. Hoy contamos con herramientas que nos permiten entender mejor los comportamientos de consumo y reaccionar con mayor agilidad. En Chile, esto se refleja en decisiones más informadas y en una mayor capacidad de anticipación frente a los cambios del mercado.
El uso de datos se ha convertido en una herramienta clave para profundizar el entendimiento de las personas y tomar mejores decisiones a lo largo de toda la cadena de valor. Hoy contamos con información que nos permite comprender hábitos de consumo, momentos de uso y expectativas de manera mucho más precisa, lo que impacta directamente en cómo diseñamos productos y experiencias.
En la práctica, esto se traduce en innovaciones más alineadas con necesidades reales, como el desarrollo de tecnologías avanzadas de absorción o soluciones enfocadas en el cuidado de la piel, así como en campañas que conectan desde la empatía y la relevancia cultural. La tecnología nos permite escuchar mejor, aprender más rápido y responder de forma más acertada, siempre poniendo a nuestros consumidores en el centro.
La innovación es parte de nuestro ADN y Chile refleja muy bien ese espíritu. Existe una forma de trabajar que fomenta la curiosidad, el aprendizaje continuo y la colaboración entre equipos diversos, con una fuerte conexión con el consumidor y el mercado.
Para que la innovación sea constante, es clave crear un entorno donde las ideas puedan evolucionar, donde el error se entienda como parte del proceso y donde las personas se sientan empoderadas para proponer. Iniciativas como Gamehers, impulsada desde Kotex, muestran cómo la innovación no se limita al producto, sino que también puede abrir conversaciones culturales relevantes y generar impacto más allá de la categoría.
La diferenciación real se construye cuando la marca logra ir más allá de la funcionalidad básica del producto y ofrece una propuesta de valor clara y consistente. En categorías donde la competencia es alta, la marca cumple un rol fundamental al generar confianza, cercanía y relevancia en la vida cotidiana de las personas.
En Kimberly-Clark trabajamos para que nuestras marcas combinen innovación tangible con una identidad clara y coherente, pero la verdadera diferenciación ocurre cuando el consumidor reconoce que detrás de cada producto hay una marca que entiende su realidad y cumple lo que promete.
Mirando hacia 2026, la inversión estará enfocada en fortalecer capacidades que nos permitan seguir siendo competitivos en el largo plazo. Esto incluye el desarrollo de talento, la innovación continua, la construcción de marcas sólidas, el uso estratégico de tecnología y el avance en nuestros compromisos de sostenibilidad.
Entendemos que estas áreas no funcionan de manera aislada. La competitividad del futuro se construye cuando las personas cuentan con las capacidades adecuadas, cuando la innovación responde a necesidades reales, cuando las marcas generan valor y cuando el crecimiento se da de manera responsable. Esa es la lógica que guía nuestras decisiones de inversión.
Hay varias iniciativas que reflejan bien el momento que vive la compañía. Los lanzamientos recientes en categorías clave, con tecnologías más avanzadas y propuestas pensadas desde necesidades reales, muestran cómo seguimos elevando el estándar del mercado y fortaleciendo nuestras marcas.
Al mismo tiempo, hay proyectos que son emblemáticos por el impacto que generan más allá del negocio. Un ejemplo son los programas educativos que impulsamos en torno a la higiene menstrual, también el trabajo que realizamos desde nuestras marcas para desafiar estigmas y romper paradigmas en torno a la incontinencia urinaria, promoviendo una mirada más empática y abierta sobre una realidad que forma parte de la vida de muchas personas.
Estas iniciativas representan la forma en que entendemos la evolución de la compañía: crecer con propuestas relevantes, respetando los principios de ética y cumplimiento, y asumir un rol activo en conversaciones sociales que importan.
Liderar hoy implica asumir una responsabilidad que va más allá de los resultados financieros. En una compañía como Kimberly-Clark, con marcas presentes en distintas etapas de la vida, el liderazgo parte de una comprensión profunda del impacto que generamos, tanto hacia afuera como dentro de la organización.
Desde mi rol, entiendo el liderazgo como la capacidad de dar dirección en contextos de cambio, de escuchar activamente y de crear las condiciones para que los equipos puedan desarrollarse y tomar decisiones con sentido. También implica coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, walk the talk, y una mirada de largo plazo que permita construir valor de manera sostenible.
Creo que este enfoque es clave para fortalecer la cultura, acompañar la evolución del negocio y asegurar que nuestro propósito de Un Mejor Cuidado para Un Mundo Mejor se traduzca en acciones concretas en el día a día.