“El año inicia con perspectivas favorables, aunque el exceso de optimismo nos puede jugar en contra”

Mejores condiciones externas, señales de reactivación de la inversión y un consumo que comienza a mostrar signos de recuperación abren oportunidades para las empresas en 2026, a juicio de la economista Cecilia Cifuentes. Sin embargo, la incertidumbre global, las brechas estructurales y el contexto político interno obligan a una gestión estratégica y de largo plazo.

Cecilia Cifuentes, Economista y Directora Centro de Estudios Financieros
en ESE Business School Chile

Tras varios años marcados por la incertidumbre económica, el bajo dinamismo de la inversión y un consumidor contenido, Chile inicia 2026 con un escenario que, sin ser exento de riesgos, ofrece mejores perspectivas que la última década. El favorable contexto externo —con precios del cobre en niveles históricamente altos, menores presiones por el lado del petróleo y tasas de interés más estables— se suma a expectativas de un mayor impulso interno, especialmente desde la inversión y una agenda gubernamental enfocada en el crecimiento.

Las proyecciones de crecimiento del PIB en torno al 3%, la paulatina recuperación del empleo y los salarios, junto con factores como la reforma de pensiones y una eventual reactivación del crédito, configuran un panorama algo más auspicioso para el consumo. Al mismo tiempo, persisten desafíos relevantes para las empresas: un entorno geopolítico más incierto, tensiones políticas internas, problemas estructurales en regulación, capital humano y tributación, y el desafío de incorporar tecnología e Inteligencia Artificial sin profundizar brechas laborales.

En esta entrevista, la economista Cecilia Cifuentes, directora del Centro de Estudios Financieros del ESE Business School de la Universidad de Los Andes, analiza las principales variables que marcarán la economía chilena en 2026 y entrega claves para que las empresas naveguen un contexto que combina oportunidades concretas con riesgos que demandan visión estratégica y responsabilidad empresarial.

¿Cómo definiría el panorama económico de Chile para 2026?

Como suele ocurrir, se trata de un mix de elementos positivos y otros no tanto, pero, al menos por ahora, se visualiza un contexto mejor que el que hemos enfrentado en la última década ¿Por qué? El frente externo, a pesar del deterioro geopolítico evidente, muestra un contexto positivo para las dos variables macro más relevante: los términos de intercambio y las tasas de interés. El precio del cobre está en máximos históricos, mientras el precio del petróleo mostró una tendencia a la baja en 2025. Por otra parte, las tasas de interés muestran un comportamiento estable, y se esperan bajas adicionales de las tasas de corto plazo. En el frente interno, el cambio de gobierno se percibe positivo, producto de la importancia que ha dado al objetivo de crecimiento el presidente Kast. Se esperan avances que agilicen el proceso de inversión, luego de una década de estancamiento de esta variable. El dinamismo de la inversión es, al mismo tiempo, la condición clave para recuperar el mercado laboral. En definitiva, el año se inicia con perspectivas favorables, aunque el exceso de optimismo nos puede jugar en contra.

¿Cuáles son las principales proyecciones de crecimiento del PIB para este año y qué factores están determinando esas cifras?

Una estimación razonable de crecimiento estaría en torno a un 3%, con un sesgo al alza si el precio del cobre se mantiene en los niveles actuales y el gobierno es exitoso en su agenda de desregulación. El crecimiento sería liderado por la inversión, especialmente la inversión fija, ya que hasta ahora el repunte ha sido en maquinaria y equipo, componente menos relevante para dinamizar la contratación de mano de obra. El sector inmobiliario empezaría por fin a salir de la prolongada crisis que ha enfrentado en estos años.

¿Qué riesgos macroeconómicos considera más relevantes para las empresas en 2026?

Probablemente los factores de riesgo más relevantes provengan del entorno global, caracterizado por el fin del multilateralismo y el surgimiento de esferas de poder enfrentadas entre ellas. Ya no se trata de un mundo de reglas, sino de poder de negociación. Sin duda, es un mundo más incierto. Se suman a este riesgo global los problemas fiscales de los países desarrollados, que se ven agravados por el envejecimiento de la población.

En el frente interno, los principales factores de riesgo vienen del contexto político. Una oposición fragmentada y obstructiva puede hacerle muy difícil al nuevo gobierno avanzar en su agenda de reformas. Estas reformas son necesarias para recuperar la senda del desarrollo, que se extravió hace más de una década. Es poco probable que el gobierno encuentre apoyo en el Frente Amplio y el PC, por lo que la actitud que tome el llamado socialismo democrático es muy importante para que se puedan cumplir los objetivos del nuevo gobierno.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son los principales motores que podrían impulsar el consumo este año?

Para impulsar el consumo se requiere una recuperación del empleo y los salarios. Esta mejoría vendría de la recuperación de la formación bruta de capital fijo, por lo que sería el repunte de la inversión el principal motor para dinamizar el consumo. Por otra parte, en enero se empezaron a pagar beneficios de la reforma de pensiones aprobada en enero de 2025. Ese es también un impulso al consumo, que reciben cerca de 1,5 millones de jubilados. Por último, las tasas de interés podrían bajar algo más este año, impulsando también el crédito, que ha tenido muy poco dinamismo en los últimos años. Estamos hablando de una situación del consumo algo mejor a la de años recientes, pero tampoco se trata de las tasas de expansión que tuvimos en el pasado.

¿Cuáles son las brechas estructurales más urgentes que deberían abordarse para estimular la inversión?

El tema de lejos más relevante es la llamada “permisología” que se ha traducido en que cualquier proyecto de inversión en Chile, grande o pequeño, se vea trabado por la acción del Estado, ya sea del gobierno central, los gobiernos locales o los tribunales. No se trata entonces de una medida o ley que pueda generar un cambio relevante, sino de numerosas normativas superpuestas y muchas veces contradictorias. Es una tarea compleja, de ingeniería y gestión de detalles, pero totalmente necesaria para que la inversión vuelva a ser un motor de desarrollo.

Una segunda brecha es el capital humano necesario para desarrollar proyectos con mayor tecnología. Las empresas mencionan que muchas veces no encuentran el capital humano calificado.

Por último, la tributación a la renta no sólo es alta, sino también se trata de un sistema muy complejo, con muchos regímenes especiales. Parece muy necesario no sólo bajar la tasa de Primera Categoría, sino también simplificar. Volver a integrar el sistema sería algo muy positivo en esta línea.

¿Qué sectores de la economía chilena considera que tienen mayor potencial de crecimiento para 2026 y qué factores explican ese potencial?

Sin duda, el sector minero, debido a la bonanza del precio del cobre y otros minerales que Chile exporta. El sector financiero tiene también buenas expectativas de crecimiento producto de la esperada recuperación de la inversión, que dinamizará el crédito. El sector construcción debería también dejar atrás varios años seguidos de crisis, para volver a mostrar un crecimiento positivo.

¿Qué rol le asigna a la innovación, el desarrollo tecnológico y la Inteligencia Artificial en el crecimiento de la economía y la productividad?

A nivel global, especialmente en Estados Unidos, el desarrollo tecnológico está siendo un impulsor importante de la productividad. En Chile los datos recientes de la CNEP también evidencian un repunte de la productividad total de factores, cuyo origen sería la tecnología. Lo preocupante para nuestro país es que este aumento de productividad podría estar siendo el resultado de la sustitución de trabajo por tecnología, lo que nos enfrenta al desafío de mejorar el capital humano, de tal forma de lograr que la revolución de la IA sea un complemento al trabajo humano y no sólo un sustituto. Pienso que, desde una perspectiva de mediano plazo, mejorar la educación debería ser la meta más importante de las políticas públicas. Lamentablemente, está bastante ausente en la discusión política.

¿Cómo están afectando o afectarán a Chile las tensiones geopolíticas globales y las acciones y anuncios que el presidente Trump está constantemente haciendo?

Paradójicamente, en el ámbito económico, el accionar de Trump nos ha traído algunos beneficios en el campo económico. Las materias primas que exportamos, hasta ahora, no han sido objeto de altos aranceles, y respecto al resto del mundo, Chile quedó mejor parado con el alza arancelaria que se determinó para nuestro país. Por otra parte, la debilidad del dólar ha apoyado el aumento del precio del cobre.

De todas formas, la incertidumbre global es adversa para el desarrollo. Necesitamos además tener un manejo diplomático inteligente, de tal forma de lidiar con el hecho de que China es por lejos nuestro principal socio comercial, pero, desde el punto de vista geopolítico, nuestro aliado natural es Estados Unidos. En un mundo que ya no se rige por reglas, la política de inversión extranjera debe incorporar no sólo aspectos de conveniencia económica, sino también de análisis geopolítico.

¿Qué mensaje final le gustaría transmitir a los tomadores de decisión de las empresas sobre cómo navegar este contexto económico?

Lo primero es tener en cuenta que nuestro país ha sido muy resiliente a un período extremadamente difícil en el último quinquenio, principalmente por una compleja crisis institucional, pero también como consecuencia de un escenario global desafiante, con pandemia incluida. Eso nos dice que aún tenemos una fortaleza institucional relevante. Pero tenemos también desafíos estructurales importantes, en el funcionamiento del Estado, en seguridad pública y en capital humano. Las empresas tienen un rol muy importante en esos desafíos, especialmente en el último, ya que son el lugar en que personas muy diversas se juntan en pro de un objetivo común, mutuamente beneficioso. Para ir resolviendo los problemas, es clave que las empresas cumplan a cabalidad su propósito de satisfacer las necesidades de sus clientes, y lo hagan teniendo en consideración el bienestar de sus trabajadores y sus proveedores. Es una tarea difícil, pero clave para que Chile pueda retomar el camino al desarrollo.

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