
Hay productos que logran trascender su categoría para instalarse en la memoria y la vida cotidiana de varias generaciones. Es el caso de 1+1 de Soprole, una marca que nació a fines de los años 80 con una propuesta inédita para el mercado chileno: combinar yogurt y cereal en un mismo envase, mediante un formato flip hasta entonces desconocido en el país. Su origen estuvo vinculado, además, a un contexto en que Chile avanzaba en superar la desnutrición y buscaba ampliar el acceso a alimentos nutritivos y energéticos.
A esa innovación inicial se sumó posteriormente la alianza con Kellogg’s, que permitió reunir en una misma propuesta marcas de cereales como Zucaritas y Choco Krispis con 1+1. Desde entonces, el producto ha experimentado múltiples renovaciones, incorporando nuevas combinaciones, formatos y variedades, pero conservando la esencia que los consumidores reconocen.
Esa capacidad de evolucionar ayuda a explicar la vigencia de una marca con cerca de cuatro décadas de historia. Rodrigo Cubillos, gerente de Marketing de Soprole, aborda la historia detrás de 1+1, los aprendizajes que han marcado su evolución y el desafío de seguir conectando tanto con las nuevas generaciones como con quienes conocieron el producto durante su infancia y hoy tienen otras necesidades. Porque, como plantea, gestionar una marca con historia no consiste en quedarse inmóvil, sino en comprender qué puede seguir significando para las personas.

1+1 nació a fines de los 80 con una propuesta muy innovadora para su momento: combinar yogurt y cereal en un mismo producto, utilizando además un formato flip, que era nuevo en Chile y que nosotros fuimos los primeros en traer. Pero para entender realmente por qué nació 1+1 hay que mirar el Chile de esa época. Veníamos de un país que estaba haciendo grandes esfuerzos por dejar atrás la desnutrición y, en ese contexto, unir dos alimentos nutricionalmente muy potentes en una sola porción tenía mucho sentido. El cereal, además, era un producto que en ese momento no estaba al alcance de todos. Por eso, 1+1 buscaba democratizar el acceso a una nutrición saludable y energética, entregando una fuente de nutrición concreta para las familias y en las porciones que las personas necesitaban. Y hasta el nombre tiene que ver con eso: 1+1, dos alimentos que se complementan y que juntos entregan algo más.
Hay productos que pueden ser exitosos durante un tiempo y hay marcas que logran construir un vínculo mucho más profundo. Creo que 1+1 está en ese segundo grupo. Una de las claves es que las personas han ido creciendo con 1+1. Es una marca que conocieron cuando eran niños y que, en muchos casos, siguió acompañándolos a medida que fueron cambiando sus gustos, sus hábitos y sus etapas de vida. Creo que eso genera una familiaridad y un lugar dentro de la vida cotidiana que es muy difícil de construir desde cero.
Lo que nos hemos dado cuenta durante el tiempo, es que las personas no necesariamente dejan de consumir 1+1 cuando dejan de ser niños, muchas veces cambia la forma en que se relacionan con la marca. Y ahí está lo importante que son esos cambios y encontrar nuevas formas de mantener ese vínculo.

1+1 originalmente no nació con Kelloggs. La alianza comenzó posteriormente, alrededor de 1990, cuando Kellogg’s se acercó a nosotros con la propuesta de desarrollar un cobranding. Nos pareció que tenía mucho sentido porque permitía combinar dos marcas y propuestas de valor, que inicialmente tenían alto reconocimiento entre los consumidores. Cereales como Zucaritas y Choco Krispis tenían su propio vínculo con los niños y, al incorporarlos a 1+1, ambas propuestas se potenciaban.
Sin embargo, con el tiempo 1+1, también fue evolucionando, incorporando en su momento nuevas alternativas, combinaciones e incluso cobrandings, como 1+1 Frutas, 1+1 Pillows, 1+1 Cereales Monochoc, e incluso 1+1 con Galleta Oreo, entre muchos otros.

El principal desafío es entender qué cosas de una marca son esenciales y cuáles pueden evolucionar. En Soprole no queremos innovar por innovar; siempre ha sido ese nuestro lema. Lo importante es preguntarse qué está cambiando para las personas y cómo podemos responder desde una marca que ya tiene una identidad fuerte.
Un buen ejemplo fue la incorporación de la cuchara en 2004 en conjunto con un envase más sofisticado, pero cuando lo lanzamos entendimos que lo relevante no era el envase, como quizás pensábamos inicialmente, sino poder comer 1+1 donde fuera. El incluir una cuchara nos llevó a tener un resultado muy significativo, con importantes incrementos de venta de 1+1 en ese periodo.
Después volvimos al envase tradicional, porque entendimos que lo que realmente agregaba valor era solo la cuchara. Para mí, ese es un buen ejemplo de innovación en Soprole, no necesariamente cambiar el producto completo, sino identificar qué cambio realmente hace la diferencia para las personas.
El portafolio ha ido evolucionando junto con los cambios en los hábitos de consumo. En distintos momentos desarrollamos nuevas combinaciones, formatos y propuestas, como el 1+1 Triple, Pillows, las alternativas con granola y versiones sin lactosa.
Pero también aprendimos que no siempre más indulgencia significa una mejor propuesta. Alrededor de 2010 empezamos con propuestas más simples y con menos carga calórica, sin perder la esencia de la marca. Y después, entre 2018 y 2020 empezamos a recibir comentarios de consumidores que nos decían: “Soy fanático de 1+1, lo comí desde chico, pero ya no quiero tanto cereal. ¿Por qué no venden el yogurt solo?”. Los escuchamos y desarrollamos el yoghurt 1+1 en pote y botella. Fue una manera de repensar la propuesta sin abandonar la marca, y la respuesta de los consumidores fue muy positiva.

La forma de comunicar necesariamente cambia, pero eso no significa que cambie la personalidad de la marca. 1+1 nació con un lenguaje muy ligado al mundo infantil y lúdico. Hoy tenemos consumidores mucho más diversos; sin embargo, la esencia de 1+1 nos mantiene muy actualizados sobre las nuevas generaciones. Si a un joven le dices “Soprole”, probablemente perciba un mundo más adulto. Pero cuando le dices “1+1”, hay una conexión mucho más directa con su mundo.
La marca tiene que seguir hablándole a esa generación, manteniendo ese carácter cercano, directo y entretenido que ha acompañado a 1+1 durante tantos años. Y eso es parte del desafío para seguir siendo una marca relevante para los niños y jóvenes de hoy, sin perder la conexión con quienes crecieron con ella.
Hay otra cosa interesante en el concepto del 1+1 que trasciende el consumo. Se transformó en Chile en sinónimo de sumar, compartir y colaborar. La lógica de que uno pone una parte y el otro pone la otra, nació en Soprole a partir del concepto 1+1 y terminó convirtiéndose en una forma de compartir, de ser solidarios, eso tiene un valor enorme. Habla de que una marca potente se sigue construyendo, que está presente y es relevante en la vida de las personas.
1+1 tiene un rol muy clave dentro del portafolio de Soprole, tanto por el volumen que representa como por la importancia estratégica del segmento en el que participa. Aunque, según mi punto de vista, lo importante de esto es que nos permite mantener una marca Soprole renovada y vigente frente a las nuevas generaciones.
Hoy tenemos una responsabilidad muy clara con los niños y jóvenes de 8 a 13 años, pero también con quienes han crecido con 1+1 y que tienen otras necesidades. Eso hace que la marca tenga que ser capaz de acompañar distintas etapas de la vida. Y ahí aparece nuevamente nuestro propósito de Nutrir Sonrisas, estar presentes en esos momentos cotidianos y entregar productos que respondan a lo que las personas necesitan en cada etapa.

El principal desafío es entender que tener historia no significa quedarse quieto. Hoy estamos en una sociedad que está cambiando demográficamente. Las personas viven más, tienen otros hábitos y, por ejemplo, a partir de los 40 años pueden buscar productos distintos porque ya no necesitan el mismo aporte calórico que cuando eran niños. Ahí tenemos una importante oportunidad al entender cómo cambia la relación de las personas con la alimentación y encontrar nuevas formas de acompañarlas. Pero también tenemos que seguir siendo relevantes para las nuevas generaciones. Tenemos que entender sus hábitos, sus formas de comunicarse y los momentos en que 1+1 puede seguir teniendo un lugar.
Para mí, eso es justamente lo interesante de trabajar con una marca con 40 años. No se trata de proteger lo que fue, sino de entender qué puede seguir siendo para las personas. Y eso conecta directamente con nuestro propósito de Nutrir Sonrisas, seguir acompañando a las personas en las distintas etapas de su vida, con una marca que evoluciona con ellas, pero que sigue siendo reconociblemente 1+1.