Por: Lorena Sanhueza, Growth Manager Cloud en SONDA

Durante años, la discusión tecnológica en las empresas giró en torno a una decisión que parecía inamovible: ¿comprar y mantener servidores físicos propios (on-premise) o arrendar capacidad de procesamiento a gigantes tecnológicos a través de internet (la nube)? La promesa de la nube era cautivadora porque ofrecía una flexibilidad infinita, permitiendo a las compañías, por ejemplo, soportar el tráfico masivo de un CyberDay sin tener que comprar equipos caros que quedarían apagados el resto del año.
Sin embargo, ese debate binario ya perdió sentido. Según un estudio del 2024 de la consultora Gartner, el 90% de las organizaciones tendrán un enfoque de nube híbrida hacia el 2027, lo que confirma que la discusión se está resolviendo, combinando ambas alternativas.
El desafío para los próximos años no es elegir un bando, sino gobernar ambos entornos al mismo tiempo. Se trata de decidir con criterio dónde debe vivir cada «carga de trabajo», es decir, las aplicaciones, plataformas y bases de datos que hacen funcionar al negocio, según su costo, su rendimiento y su función, manteniendo una visibilidad completa sobre todo el ecosistema.
La evidencia respalda esta lectura. De acuerdo a un estudio reciente de la consultora IDC, solo entre un 8% y un 9% de las empresas está repatriando por completo sus sistemas desde la nube hacia sus servidores físicos locales. La gran mayoría, en cambio, está reubicando cada sistema en el entorno que tiene más sentido económico y operativo.
Hablar de «gobernanza híbrida» implica entender que ninguna empresa de tamaño relevante opera hoy con una sola infraestructura. En el mundo real conviven sistemas antiguos (legacy) que no pueden migrar de un día para otro a internet, datos confidenciales que las empresas prefieren mantener bajo su propio candado físico, y nuevas aplicaciones móviles que necesitan la agilidad de la nube.
La pregunta, entonces, deja de ser dónde poner cada sistema y pasa a ser cómo administrar esta orquesta tecnológica de forma consistente. Sin este nivel de control, la promesa tecnológica se convierte en un riesgo, generando laberintos digitales donde los entornos se multiplican sin que nadie sepa cuánto cuestan ni quién es responsable de protegerlos.
El error que cometerán las organizaciones rezagadas no será elegir mal entre la nube o lo local, sino que será no gobernar la combinación de ambas opciones. Hacia 2027, cuando el 90% de las empresas opere bajo un modelo híbrido, la ventaja competitiva no estará en la tecnología utilizada, sino en la capacidad de administrarla, optimizarla y alinearla con los objetivos del negocio.