
Cuando el desempleo escala hasta 9,4%, la primera reacción suele ser leer la cifra con preocupación. El dato informado por el INE para el trimestre marzo-mayo confirma que el mercado laboral chileno atraviesa un momento complejo: es su mayor nivel desde mediados de 2021 y refleja que hay más personas buscando una oportunidad, mientras la creación de empleo no crece al mismo ritmo que la fuerza de trabajo.
Pero quedarse solo en el diagnóstico y preocupación, en nada ayuda. La discusión pública suele moverse entre la alarma y la explicación macroeconómica, ambas necesarias, pero muchas veces lejanas para quienes hoy están buscando empleo. Detrás de cada punto de desocupación hay personas que postulan, esperan una respuesta y sienten que el mercado no les entrega señales claras.
Ahí aparece una brecha que merece más atención, la de empleabilidad. No se trata de responsabilizar a las personas por no encontrar trabajo, sino de reconocer que muchas veces falta información, orientación, redes o actualización de habilidades para conectar con las oportunidades disponibles. Día a día nos encontramos con personas que están buscando un nuevo empleo, pero que no cuentan con la preparación necesaria para encontrarlo. El problema, entonces, no está solo en cuántas vacantes existen, sino en cómo las personas logran llegar a ellas.
En un mercado más competitivo, postular y esperar ya no basta. Buscar trabajo debe asumirse como un trabajo en sí mismo, con método, rutina y foco. Implica revisar qué industrias están contratando, adaptar el currículum al cargo específico, destacar la experiencia más pertinente y activar redes de contacto. No es maquillar una trayectoria, sino contarla mejor frente a lo que las empresas están necesitando.
Esta conversación se vuelve aún más urgente cuando la informalidad laboral llega a 27% y la desocupación femenina supera los dos dígitos. Ambas cifras muestran un mercado laboral con tensiones que no se resuelven solo creando más puestos de trabajo. También hay que mejorar la calidad de las oportunidades y la conexión entre quienes buscan empleo y quienes necesitan contratar. Cuando esa conexión falla, el país pierde talento disponible.
Por eso, la respuesta no puede recaer solo en las personas que buscan empleo. Las empresas también tienen un rol, con procesos más claros y criterios de selección mejor comunicados. Las instituciones de formación deben ajustar sus programas a los cambios del mercado. Y las plataformas laborales tenemos la responsabilidad de aportar datos, orientación y acompañamiento para que la búsqueda sea menos incierta.
La formación continua dejó de ser un elemento adicional. Las herramientas digitales y la inteligencia artificial ya están cambiando tareas, perfiles y expectativas. Aprender a usarlas, incluso desde niveles básicos, puede abrir nuevas posibilidades laborales y mejorar la productividad personal en un momento donde cada ventaja cuenta.
Es probable que el mercado laboral siga presionado durante los próximos meses. La recuperación económica no siempre se traduce de inmediato en empleo. Precisamente por eso, Chile necesita pasar de una conversación centrada solo en el desempleo a una mirada más completa sobre empleabilidad, reconversión y conexión laboral.
El alto desempleo es una señal de alerta, pero no debe transformarse en desesperanza. Incluso en escenarios difíciles existen oportunidades, capacidades que pueden actualizarse y mejores formas de buscar. La pregunta es cómo ayudamos a que más personas puedan encontrarlas. El llamado es a la acción.
