
La inteligencia artificial ya ingresó a las empresas chilenas, aunque todavía lo hace de manera fragmentada. El estudio de la Universidad San Sebastián, Innspiral y ACTI muestra que 69% de las organizaciones consultadas desarrolla alguna iniciativa: 27% está ejecutando pilotos, otro 27% avanza con implementaciones parciales y solo 15% afirma haber integrado la tecnología en procesos clave. A esto se suma que apenas 20,4% posee una estrategia específica, mientras 47,6% todavía la está construyendo.
La diferencia es relevante. Utilizar un chatbot o generar piezas de contenido puede aumentar la productividad individual, pero no necesariamente cambia cómo compite la organización. La creación de valor comienza cuando la IA queda conectada con datos propios, procesos completos, responsabilidades definidas y objetivos comerciales verificables.
Las métricas utilizadas revelan dónde está puesto el foco. La eficiencia operacional es el principal indicador de retorno para 50% de las empresas, seguida por la reducción de costos, con 34%. Además, 52% declara que sus iniciativas ya generaron un impacto medio o alto en eficiencia, y 72% espera que esa siga siendo la principal contribución de la IA durante los próximos tres años. Solo 43% menciona como aporte futuro una mejor toma de decisiones basada en datos.


Fuente: ESTUDIO DESAFÍOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA LA SOSTENIBILIDAD EMPRESARIAL, Enero 2026
Medir horas, costos o tiempos de respuesta es necesario, pero insuficiente. Para un área de marketing también importa determinar si la tecnología mejora la asignación de inversión, la detección de demanda, el precio, la personalización, la retención de clientes o la velocidad con que una marca responde a cambios del mercado.
La brecha chilena coincide con el escenario internacional. McKinsey encontró que 88% de los encuestados reporta uso habitual de IA en alguna función, pero solo cerca de un tercio señala que su organización ha comenzado a escalarla. Aunque 64% observa mejoras en innovación, únicamente 39% atribuye algún impacto en el EBIT empresarial. Las organizaciones de mayor desempeño se distinguen por perseguir crecimiento e innovación, rediseñar flujos de trabajo e involucrar activamente a sus líderes, no solo por automatizar actividades existentes.
Microsoft aporta otra señal: en una encuesta a 20.000 trabajadores que utilizan IA en diez mercados, 66% sostuvo que pudo dedicar más tiempo a trabajos de mayor valor y 58% afirmó producir resultados que no habría podido generar un año antes. Es un benchmark internacional, no directamente extrapolable a Chile, pero refuerza la idea de que el beneficio decisivo aparece cuando aumenta la capacidad humana, no solamente la velocidad de ejecución.
En marketing, una estrategia de IA debería comenzar por identificar decisiones frecuentes, costosas o lentas: qué audiencia priorizar, cuánto invertir, qué oferta presentar, cuándo intervenir en la experiencia del cliente o qué señales anticipan una fuga. Después se deben establecer una línea base, responsables humanos, datos autorizados y métricas de resultado.
Esto implica agregar indicadores como precisión de recomendaciones, tiempo entre señal y acción, ingresos incrementales, tasa de resolución, satisfacción del cliente y calidad de la decisión. El objetivo no es delegar el criterio estratégico, sino darle mejores insumos y reducir el tiempo dedicado a consolidar información.
Las principales barreras identificadas en Chile no están en los modelos: 57,7% menciona falta de conocimientos o habilidades técnicas, 42,3% preocupación por privacidad y seguridad, y 33,7% restricciones presupuestarias. Otro estudio de PwC Chile y ESE Business School encontró que 60% de las organizaciones consultadas carece de una política formal de IA ética o responsable.
La conclusión para las marcas es concreta: el retorno no debería expresarse únicamente como “horas ahorradas”, sino como un dividendo de decisión. Cada iniciativa debe demostrar qué elección mejora, quién conserva la responsabilidad, qué dato utiliza y qué resultado de negocio produce. Las compañías que incorporen esa disciplina podrán convertir la automatización en aprendizaje organizacional; las demás acumularán herramientas sin construir una ventaja difícil de replicar.
Equipo de redacción ANDA