
Fuente: Magnific
Las marcas de alimentos y bebidas enfrentan en 2026 una paradoja: el consumidor continúa mirando el bolsillo, pero la decisión de compra se empieza a construir mucho antes del punto de venta. El estudio sectorial de SAMY, elaborado a partir de la visión de más de 20 marcas globales de alimentación y bebidas —entre ellas Coca-Cola, KFC, Unilever, Nestlé y Telepizza— identifica la relación calidad-precio como el principal impulsor de compra para el 43% de los participantes.
El dato es especialmente relevante en un contexto económico exigente. En Chile, Ipsos registró en abril de 2026 que 78% de los hogares estaba pensando en ajustar su presupuesto ante posibles alzas de precios y que 49% contemplaba comprar marcas o productos más económicos.
Para las marcas, esto significa que la construcción de valor no puede plantearse como una alternativa al precio, sino como una capa adicional que ayude a justificar la elección.
La principal transformación está ocurriendo en las etapas previas a la compra. Las redes sociales funcionan cada vez más como espacios de descubrimiento, validación y recomendación, donde las personas no solo buscan productos, sino también referencias culturales, comunidades y estilos de vida.
El estudio de SAMY pone el foco precisamente en esa capacidad de generar relevancia cultural: una marca puede ganar consideración cuando logra integrarse de manera natural en conversaciones que ya importan a sus audiencias.
La tendencia coincide con el informe global Marketing Trends 2026 de SAMY, basado en más de 100 líderes de marketing de 22 países. Allí, 46% de los CMOs señala que la relevancia cultural es la vía más poderosa para conectar con comunidades en redes sociales, por encima de creatividad, creadores, entretenimiento y personalización.
La implicancia estratégica es clara: no basta con detectar una tendencia; la marca debe encontrar un territorio cultural legítimo desde el cual pueda aportar algo.
El influencer marketing también está cambiando de rol. En el estudio sectorial de SAMY, la mayoría de los participantes identifica esta disciplina como una de las vías más efectivas para conectar con consumidores jóvenes, pero solo 9% incorpora a los creadores desde las primeras etapas del brief.
La brecha revela una oportunidad para los anunciantes. Cuando un creador entra únicamente en la fase de difusión, la marca utiliza su audiencia; cuando participa desde la definición de la idea, puede aportar conocimiento sobre códigos culturales, lenguaje y dinámicas propias de la comunidad.
El informe global de SAMY refuerza esta evolución: 48% de los marketers prevé aumentar sus presupuestos de influencer marketing en 2026 y 45% planea incrementar las colaboraciones con microinfluencers, priorizando autenticidad y afinidad de comunidad por sobre el alcance masivo.
La capacidad de interpretar conversaciones se vuelve un activo competitivo. En el reporte global de SAMY, 48% de los CMOs considera el social listening una parte crítica de su proceso de decisión, nueve puntos porcentuales más que el año anterior. A su vez, 59% lo ubica entre las principales herramientas para comprender audiencias y tendencias.
Esto plantea un desafío organizacional: transformar datos dispersos en decisiones. El principal problema identificado por SAMY no es solo detectar tendencias, sino convertirlas en campañas. Un 35% de los marketers señala la identificación de tendencias emergentes como su mayor dificultad y 20% apunta a la traducción de esos insights en campañas.
Para las marcas, el social listening deja así de ser únicamente una herramienta de monitoreo y pasa a formar parte de la inteligencia de negocio.
La oportunidad de construir relevancia cultural no debe interpretarse como una invitación a ignorar el precio. En Chile, la conversación digital sobre marcas continúa fuertemente asociada a variables como costo, disponibilidad y utilidad: un análisis de más de 2.000 publicaciones realizado por Buzzmonitor mostró que Alimentos y Bebidas concentró 18% de las menciones analizadas, en un escenario marcado por sensibilidad al precio y costo de vida.
Al mismo tiempo, los consumidores esperan algo más de las marcas. El estudio B-Brands 2026, realizado en Chile sobre cerca de 2.800 personas y 226 marcas, encontró que 80% considera importante que las marcas hagan sentir bien emocionalmente y 72% que compartan sus valores y principios. Sin embargo, solo 11% percibe que efectivamente las marcas comparten esos valores.
Los datos no muestran un consumidor que haya dejado de preocuparse por el precio. Muestran algo más interesante: el precio puede abrir la puerta, pero la relevancia cultural ayuda a construir preferencia.
Para los anunciantes, el desafío de 2026 será conectar las dos dimensiones. Una propuesta competitiva debe entregar valor funcional, pero también demostrar por qué merece un lugar en la vida de las personas, sus conversaciones y sus comunidades.
La recomendación estratégica es avanzar desde campañas pensadas únicamente para comunicar atributos hacia sistemas de marca capaces de escuchar, interpretar y participar en la cultura de forma consistente. En ese modelo, creadores, social listening, comunidades y creatividad dejan de ser piezas aisladas y pasan a funcionar como parte de una misma arquitectura de crecimiento. Esta evolución coincide con la lectura de Kantar: las marcas que más crecen son aquellas capaces de entregar valor real y, al mismo tiempo, interpretar el contexto cultural en el que operan.