Pagos biométricos: la nueva frontera del comercio global y las oportunidades para Chile

La biometría está transformando los pagos digitales con tecnologías que autentican al usuario por huella, palma o rostro, fortaleciendo la seguridad, reduciendo el fraude y simplificando la experiencia de compra en el comercio

A nivel internacional, los pagos biométricos avanzan aceleradamente, con despliegues en Estados Unidos y Europa que han validado su uso en entornos controlados. En mercados como Polonia o Alemania, iniciativas como Mastercard Biometric Checkout han priorizado modelos de autenticación donde los datos biométricos permanecen en el dispositivo del usuario, un enfoque que resguarda la privacidad y facilita la adopción.

“La biometría está dejando de ser un concepto experimental para convertirse en un estándar emergente en mercados desarrollados. Lo que vemos en Estados Unidos y Europa demuestra que estas tecnologías pueden mejorar significativamente la seguridad y reducir fricciones en la experiencia de pago”, señala Raúl Sapunar, gerente general de Klap, compañía de adquirencia y medios de pago.

En Latinoamérica, el progreso es incipiente pero acelerado, con países como Brasil y México impulsando pilotos bancarios y regulatorios, especialmente en tarjetas biométricas. Proyecciones globales anticipan un crecimiento exponencial hacia 2030, con un mercado de miles de millones de dólares y tasas anuales de expansión que van del 28% al 75%, según diferentes análisis de Grand View Research.

El desarrollo de estas tecnologías está estrechamente ligado a los modelos de almacenamiento de datos. Mientras algunas soluciones internacionales optan por infraestructura basada en la nube, marcos regulatorios como GDPR en Europa impulsan la verificación biométrica en el borde (on-device/on-card), una arquitectura que evita la centralización de información sensible y reduce riesgos de fuga. Este enfoque es clave para la confianza de los usuarios y la viabilidad regulatoria.

En Chile, la adopción de pagos biométricos aún está en etapa temprana, pero el dinamismo del ecosistema y la alta penetración de medios de pago digitales crean condiciones propicias para su avance. Con más de 374 transacciones electrónicas por persona al año y una reducción sostenida del uso de efectivo, el país se perfila como terreno fértil para tecnologías que mejoren la seguridad y reduzcan fricciones en la experiencia de pago. Según un informe de Minsait Payments, en Chile 97,8% de la población bancarizada tiene tarjeta débito, 71,8% tarjeta de crédito y 37,3% prepago.

“Chile tiene las condiciones para dar un salto hacia la biometría, pero debe hacerse con un enfoque responsable: proteger los datos, asegurar interoperabilidad y avanzar paso a paso con pilotos bien diseñados. El objetivo no es la tecnología por la tecnología, sino construir confianza en el sistema de pagos”, agregó Sapunar.

El avance de estas soluciones a nivel local podrían permitir transacciones más seguras, menos vulnerables al fraude y sin necesidad de contraseñas o PIN, además de mejorar tiempos de atención y eficiencia operativa en tiendas físicas y servicios de alta demanda.

En el caso de Klap, la biometría ya está presente en su ecosistema de manera cotidiana. Hoy, cuando los usuarios pagan en los POS de Klap con Apple Pay, Google Pay o Click to Pay, la autenticación se realiza mediante reconocimiento facial o huella directamente en el dispositivo del usuario. Lo mismo ocurre en eCommerce a través de Checkout Flex, donde la verificación biométrica es parte del proceso de pago.

“La adopción de la biometría debe ser progresiva, realista y centrada en la seguridad del usuario. La colaboración entre emisores, comercios, fintech y reguladores será fundamental para habilitar casos de uso que realmente aporten valor”, concluyó el gerente general de Klap.

Compartir: