
“El futuro de la IA es para todos”, publicado originalmente como una columna de opinión en The Wall Street Journal y posteriormente difundido por Meta en América Latina, se apoya en tres ideas: el empoderamiento individual, la invención como principal aporte de la superinteligencia y la distribución del poder como mecanismo de seguridad. Zuckerberg sostiene que concentrar los sistemas más avanzados en pocas instituciones limitaría la innovación y aumentaría su influencia económica, científica y política.
El texto no es un estudio ni un anuncio de producto. No incluye metodología, cronograma, métricas de adopción ni una definición técnica que permita determinar cuándo existiría una inteligencia superior a la humana. La previsión de que las personas podrán utilizarla “en los próximos años” corresponde a una proyección del autor. Tampoco existen discrepancias numéricas que resolver, porque el comunicado prácticamente no contiene cifras. El principal punto de contraste es, por tanto, la distancia entre la visión presentada y las capacidades disponibles actualmente.
La propuesta adquiere otra dimensión al observar la escala de Meta. En el primer trimestre de 2026, la compañía informó un promedio de 3.560 millones de personas activas diariamente en su familia de aplicaciones. Sus ingresos publicitarios alcanzaron US$55.024 millones; las impresiones de anuncios aumentaron 19% y el precio promedio por anuncio creció 12% interanual. La empresa elevó, además, su previsión de inversión de capital para 2026 a un rango de entre US$125.000 millones y US$145.000 millones.
Para los avisadores, esto significa que la democratización de la inteligencia artificial no ocurrirá en un espacio neutral. Muchas de sus aplicaciones se desplegarán dentro de ecosistemas que ya concentran audiencias, datos, contenidos, mensajería y compra de medios.
La oportunidad consiste en reducir las barreras para crear campañas, atender clientes, desarrollar contenidos o probar nuevos productos. El riesgo es aumentar la dependencia de plataformas que controlan la infraestructura, los sistemas de recomendación y buena parte de la medición. La pregunta estratégica no es solamente quién tendrá acceso a la IA, sino bajo qué reglas y con qué capacidad de trasladar los aprendizajes fuera de cada plataforma.
La visión ya tiene una traducción comercial. Meta informó que, al cierre de 2025, sus herramientas de generación de video para publicidad habían alcanzado una tasa anualizada conjunta de ingresos de US$10.000 millones. La compañía también atribuyó a mejoras de sus modelos aumentos de 3,5% en clics publicitarios en Facebook, de más de 1% en conversiones en Instagram y de 3% en la tasa de conversión de distintas superficies de Instagram. Son resultados informados por la propia empresa para productos y periodos específicos, por lo que no representan rendimientos garantizados para cualquier campaña.
El siguiente paso son los agentes comerciales. Meta Business Agent puede responder preguntas, recomendar productos, reservar horas, calificar prospectos y apoyar el cierre de ventas. Según la compañía, más de un millón de empresas ya utiliza un agente en WhatsApp o Messenger, dentro de un ecosistema que registra más de mil millones de conversaciones activas diarias entre personas y negocios en WhatsApp, Messenger e Instagram.
La inteligencia artificial deja así de operar únicamente “detrás” del anuncio y comienza a intervenir en la experiencia posterior al clic. Esto obliga a integrar medios, contenidos, comercio, servicio al cliente y datos propios.
Una campaña eficiente que deriva a un agente mal entrenado, que desconoce el inventario o que no cuenta con reglas de escalamiento hacia una persona puede destruir valor con la misma rapidez con que la automatización lo genera. La adopción tecnológica deberá evaluarse, por tanto, sobre la experiencia completa y no solo mediante indicadores de pauta.
Zuckerberg proyecta que una superinteligencia ampliamente distribuida facilitará la creación de empresas y podría producir más empleos. La evidencia disponible ofrece cierto respaldo a la idea de ampliación de capacidades, pero todavía no confirma sus efectos de largo plazo.
Una encuesta representativa de la OCDE a más de 5.000 pequeñas y medianas empresas de Austria, Canadá, Alemania, Irlanda, Japón, Corea y Reino Unido encontró que 31% utilizaba inteligencia artificial generativa. Entre las empresas usuarias, 65% declaró mejoras en el desempeño de sus trabajadores y 83% señaló que la tecnología no había modificado su necesidad total de personal. Un 6% informó un aumento de sus requerimientos de trabajadores y 9%, una disminución.
La adopción tampoco elimina la importancia del talento. En el mismo estudio, 20% de las pymes señaló que la IA aumentó su necesidad de trabajadores altamente calificados, frente a 9% que observó una reducción. Entre las principales barreras aparecieron las dudas sobre propiedad intelectual y regulación, el tratamiento de la información y la falta de habilidades internas.
La Organización Internacional del Trabajo estima, por su parte, que uno de cada cuatro empleos está potencialmente expuesto a la inteligencia artificial generativa, aunque considera más probable la transformación de las tareas que la desaparición completa de las ocupaciones.
Estas cifras corresponden a evidencia internacional y no constituyen una medición de Chile o América Latina. Para las marcas locales, la ventaja competitiva no surgirá simplemente de acceder al mismo asistente disponible para todos, sino de combinarlo con conocimiento del consumidor, datos confiables, procesos propios y equipos capaces de evaluar críticamente sus resultados.
El comunicado defiende el acceso amplio, pero no propone una apertura irrestricta. Zuckerberg reconoce que determinados riesgos, especialmente los biológicos, requerirán coordinación entre gobiernos y otras instituciones. En consecuencia, “IA para todos” no equivale necesariamente a publicar todos los modelos, datos de entrenamiento o capacidades sin controles.
La ejecución también se encuentra lejos de la promesa de una superinteligencia generalizada. Reuters informó en julio que Zuckerberg reconoció internamente que el desarrollo de agentes había avanzado más lento de lo esperado y que varias decisiones de reorganización todavía no producían los resultados previstos. Meta mantenía, sin embargo, la expectativa de comenzar a observar beneficios más significativos de sus inversiones en un horizonte de tres a seis meses.
Esta diferencia entre visión y madurez tecnológica es especialmente relevante para los avisadores. Una narrativa corporativa puede orientar inversiones y anticipar transformaciones, pero no reemplaza las pruebas de desempeño, la validación independiente ni el control de riesgos.
Los equipos de marketing no necesitan esperar una definición sobre la superinteligencia para comenzar a prepararse. La prioridad es construir casos de uso asociados a objetivos de negocio, con métricas comparables, supervisión humana, protocolos de datos y criterios claros para decidir cuándo automatizar y cuándo preservar una interacción personal.
La verdadera prueba de una “IA para todos” será si amplía la capacidad de competir de empresas y personas sin debilitar la transparencia, la autonomía y la confianza.
Para los avisadores, esto implica exigir evidencia de incrementalidad, conservar alternativas tecnológicas y tratar la gobernanza de inteligencia artificial como parte de la estrategia de marca, en lugar de relegarla exclusivamente a las áreas de tecnología o asuntos legales.
Equipo de redacción ANDA