Jugar para vencer a la pantalla: la revolución silenciosa que transforma espacios públicos en motores de impacto social

En todo el mundo, la industria del equipamiento urbano y recreativo está en plena transformación: los espacios de juego se rediseñan como respuesta directa al tiempo que niños y adultos pasan frente a una pantalla, y se consolidan como infraestructura de desarrollo físico, neurológico y de cohesión social. Urbanplay, con 23 años de trayectoria y más de 1.100 proyectos en Chile, es parte activa de esa transformación en curso.

La infancia de hoy compite por su propia atención. De un lado, una pantalla siempre disponible, diseñada para retener; del otro, una plaza, un parque, un espacio público que debe ganarse ese tiempo con algo más que un resbalín y unos columpios. Esa tensión está redefiniendo en tiempo real cómo se diseñan los espacios de juego en el mundo: ya no basta con entretener, hay que generar una experiencia que trascienda y genere conexiones reales, además de ser un aporte social concreto para la comunidad.

Se trata de una tendencia global todavía en movimiento, no de un cambio ya instalado: ciudades, marcas y diseñadores de distintos países están explorando, en paralelo, cómo convertir el espacio público en una alternativa real frente al consumo de pantallas. Urbanplay, empresa chilena con 23 años de trayectoria y más de 1.100 proyectos ejecutados a lo largo de todo el país —de Arica a Punta Arenas—, forma parte activa de ese movimiento internacional. “El juego dejó de mirarse solo como entretención y empezó a mirarse como un motor para el desarrollo neurológico y físico de quienes lo usan”, explica Gabriela Muñoz, arquitecto paisajista y fundadora de Urbanplay.

Del entretenimiento individual al impacto social compartido

El cambio más profundo ocurre en el propósito del diseño. “Los espacios de juego de última generación ya no se piensan como circuitos de entretención individual, sino como infraestructura social: lugares que generan cohesión comunitaria al reunir, en un mismo espacio y al mismo tiempo, a un niño, su abuelo y un vecino con movilidad reducida. Cada plaza bien diseñada se convierte así en un motor de encuentro, de salud pública y de tejido social, no solo en un atractivo recreativo”, agrega Gabriela Muñoz.

Esta lógica de encuentro intergeneracional responde también a una necesidad social concreta: en un contexto de creciente sedentarismo y aislamiento —agravado por el tiempo frente a pantallas, tanto en la infancia como en la adultez mayor— el espacio público recupera valor como uno de los pocos lugares donde el movimiento y la interacción humana siguen siendo gratuitos y accesibles para todos. Ahí radica su impacto social: no reemplaza a la pantalla, sino que se presenta como una alternativa que compite en sus propios términos, ofreciendo algo que ninguna tecnología puede replicar.

Inclusión: más que una rampa

La inclusión, sostiene Gabriela Muñoz, dejó de resolverse con una rampa de acceso. El estándar actual exige que la accesibilidad se piense en tres capas: poder llegar al espacio, poder permanecer en él con comodidad, y poder efectivamente jugar, sin que la experiencia sea una versión reducida de la de los demás. Bajo esa mirada, Urbanplay plantea soluciones para todas las edades y etapas de la vida, entendiendo el espacio público como territorio de encuentro entre generaciones.

El respaldo científico detrás del diseño

Materiales, texturas, colores y disposición espacial responden hoy a evidencia sobre desarrollo neurológico y estimulación sensorial en la infancia, y no solo a criterios estéticos. Ese mismo enfoque científico —fabricado bajo altos estándares de seguridad y calidad de Europa y Estados Unidos, con certificaciones internacionales— se extiende también a soluciones pensadas para adultos mayores, ampliando el concepto de “juego” hacia una herramienta de bienestar activo a lo largo de toda la vida.

Creemos importante que las personas, en general, entiendan la importancia que tienen los espacios públicos y comunitarios en un contexto donde los jardines propios son más pequeños y escasos, y las pantallas van ganando terreno en el día a día de nuestros niños y jóvenes. Por lo mismo, es fundamental conocer que los equipamientos de las zonas de recreación no sólo deben cumplir con los más altos estándares de seguridad, sino que además garantizar que sean un motor de desarrollo físico y neurológico para sus usuarios, independiente de la edad”, concluye la fundadora de Urbanplay.

La evidencia reciente conecta ambos fenómenos. En España, el informe PASOS Longitudinal de la Fundación Gasol —que siguió a más de 700 niños y adolescentes entre 2019 y 2025— registró un aumento de 11,33 horas semanales en el uso de pantallas, equivalente a 25 días completos adicionales al año frente a una pantalla, junto con una caída sostenida de la actividad física. En paralelo, un estudio de cohorte japonés que siguió a más de 1.200 niños desde el año y medio hasta los 4 años (Universidad de Yamanashi / Hamamatsu Birth Cohort) encontró que el tiempo de juego al aire libre actúa como un factor protector del desarrollo neurológico, incluso en niños con alta exposición temprana a pantallas. La lectura para la industria es clara: no se trata solo de reducir el tiempo de pantalla, sino de multiplicar y mejorar las oportunidades reales de juego al aire libre disponibles para la infancia.

Sostenibilidad como decisión,

La tendencia hacia un mayor estándar también tiene una lectura ambiental y económica: equipamiento durable implica menos mantención, menos reposición y una menor huella. Para Urbanplay, elegir alto estándar de diseño y materiales no es un gasto adicional, sino una decisión que reduce costos de largo plazo y cuida el entorno.

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