
La inversión publicitaria en España alcanzó los 3.039,9 millones de euros entre enero y junio de 2026, un aumento de 4,7% frente al mismo período del año anterior. Dentro de ese total, televisión volvió a ocupar el primer lugar, con 916,7 millones de euros y un crecimiento interanual de 2,1%.
El liderazgo, sin embargo, requiere una lectura más precisa. La participación de televisión bajó desde 30,9% en el primer semestre de 2025 a 30,2% en 2026. Es decir, el medio aumentó sus ingresos, pero avanzó a menor velocidad que el mercado general. Para los anunciantes, esto confirma que volumen y dinamismo no son necesariamente lo mismo: la televisión conserva una escala relevante, mientras otros canales capturan una proporción creciente de los nuevos presupuestos.
La principal conclusión del reporte de InfoAdex aparece al separar la inversión digital de la no digital. La televisión lineal recibió 759,5 millones de euros, 2,8% menos que en el primer semestre de 2025. En contraste, el componente digital de televisión pasó de 115,9 millones a 157,2 millones de euros, equivalente a un incremento de 35,6%, calculado sobre las cifras del informe.
Esta diferencia cambia la interpretación del titular. No se trata simplemente de una recuperación de la televisión tradicional, sino del avance de su dimensión digital. La información pública no detalla todos los formatos que componen esa partida, por lo que no corresponde atribuir el crecimiento exclusivamente a televisión conectada o a una plataforma específica. Para las marcas, sí aparece una señal clara: la planificación audiovisual debe considerar conjuntamente emisión lineal, inventarios digitales y extensiones multiplataforma.
Los medios con mayor crecimiento fueron redes sociales, con un alza de 11,9% y 426,7 millones de euros, y Search, que avanzó 8,4% hasta 466,8 millones. En conjunto, ambos concentraron 893,5 millones de euros, una cifra muy próxima a los 916,7 millones obtenidos por televisión.
La comparación muestra funciones diferentes dentro del mix. Search y redes sociales permiten trabajar segmentación, activación y señales de respuesta más inmediatas. La televisión, por su parte, continúa entregando una plataforma de alta cobertura y visibilidad para las marcas. La decisión estratégica no debería reducirse a elegir entre ambos mundos, sino a definir qué función cumple cada uno en el recorrido del consumidor y cómo se mide su contribución conjunta.
En Chile, el informe de inversión de AAM correspondiente a mayo de 2026 muestra una estructura más digitalizada. Digital alcanzó 54,6% de participación mensual, mientras la televisión abierta representó 21,5% y la televisión de pago 2,4%. Sumadas, ambas categorías televisivas concentraron 23,9% del mercado. En el acumulado enero-mayo, la TV abierta registró 21,9% y la TV paga 2,0%.
La televisión continúa siendo, por tanto, el segundo gran componente del mix chileno, detrás de digital. Además, AAM señala que Digital y Televisión reunieron 76,1% de la inversión total de mayo. Este nivel de concentración demuestra que las pantallas y los entornos digitales continúan formando la columna vertebral de la planificación, aunque la distribución interna de los presupuestos esté cambiando.
El mercado chileno, además, creció 4% en mayo y 6,3% durante los primeros cinco meses del año. Dentro del acumulado, Digital avanzó 9%, mientras la TV abierta disminuyó 1% y la TV paga cayó 2,4% en términos nominales. El escenario no elimina la relevancia de la televisión, pero aumenta la presión para demostrar su aporte incremental dentro de planes dominados por medios digitales.
Las cifras de España y Chile no deben compararse como si utilizaran el mismo perímetro. InfoAdex distribuye componentes digitales dentro de cada medio: en televisión, por ejemplo, suma inversión lineal y digital. AAM, en cambio, presenta Digital como una categoría separada de TV abierta y TV paga. Por ello, el 30,2% español y el 23,9% chileno describen mercados y metodologías diferentes.
La lección común está en la dirección del cambio. El crecimiento audiovisual ya no depende exclusivamente de la emisión lineal, sino de la capacidad de los medios para integrar cobertura, datos, segmentación, distribución multiplataforma y medición. Para los anunciantes, esto exige revisar modelos de atribución, evitar duplicaciones de frecuencia y evaluar alcance incremental, calidad de contacto y efecto sobre indicadores de marca y negocio.
El dato español no significa que todos los mercados deban aumentar automáticamente su presupuesto televisivo, del mismo modo que el mayor peso digital en Chile no implica reducir la televisión por principio. La decisión debe partir de los objetivos de negocio, la categoría, el público, la estacionalidad y la capacidad creativa de la marca.
El desafío para la industria chilena es avanzar desde la discusión “televisión versus digital” hacia una arquitectura integrada de video. Las marcas que definan con claridad el aporte de cada pantalla, mantengan consistencia creativa y midan resultados de manera transversal estarán mejor preparadas para combinar la cobertura de la televisión con la flexibilidad de los entornos digitales.
Equipo de redacción ANDA