Uno de los principales desafíos del sistema laboral chileno es construir capacidades robustas para potenciar su estructura con datos, información de valor y conocimiento aplicado. Y con esto, mejorar sus resultados. Este desafío se hace crítico cuando las soluciones apuntan a resolver brechas determinantes en el desarrollo de Chile y sus industrias. Como lo es la inclusión femenina en ciertos segmentos más vulnerables, donde los avances del país no están llegando.
El Data Hub OTIC CCHC es un centro integrado de datos, diseñado para concentrar, organizar y conectar información proveniente de múltiples fuentes internas y externas. Busca ser un espacio que permita transformar datos en información estratégica para la toma de decisiones y el diseño de soluciones diferenciadoras para empresas y sectores productivos. El primer reporte, que tiene como temática general mujeres, evidencia que la brecha de participación laboral femenina en sectores vulnerables alcanza los 18,6 puntos porcentuales debido a responsabilidades domésticas.

El mercado laboral chileno atraviesa un momento crítico de transformación, donde la disponibilidad de talento calificado se ha vuelto el principal motor de competitividad. Así lo revela la primera publicación de Data Hub, del OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción, estudio inaugural de la serie de monitoreo bimestral del mismo, un insumo técnico diseñado por el OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción (OTIC CChC) para entregar datos transversales y de alta calidad sobre el estado del desarrollo de talento y formación en el país.
Esta primera entrega revela una estructura de participación femenina que, aunque muestra avances en sectores como la minería -donde Chile ya lidera con un 23,1% de dotación femenina-, evidencia nudos críticos de productividad en la mayoría de las industrias estratégicas que competen al país. Todo esto se hace aún más relevante durante el Mes de la Mujer, pero recuerda la importancia de avanzar no solo en una efeméride, sino durante todo el año.
Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es la brecha entre el avance en participación laboral femenina y el desarrollo efectivo de su talento. Mientras en Chile la participación de mujeres proyecta alcanzar un 53% al 2026, solo el 36,4% de las capacitaciones tiene foco en ellas, evidenciando una desconexión crítica entre acceso al empleo y oportunidades de formación. Esta brecha se profundiza en sectores estratégicos como la construcción, donde la participación femenina apenas bordea el 10%, y en industrias donde, pese a los avances, como la minería o la salmonicultura, las mujeres siguen concentradas en roles menos especializados.
“El desafío ya no es solo incorporar más mujeres al mundo laboral, sino asegurar trayectorias formativas que permitan desplegar su potencial, cerrar brechas de productividad y responder a la creciente demanda de talento en el país”, asegura José Esteban Garay, Gerente General del OTIC CChC.
Por su parte, Bárbara Veyl, Gerenta de Vinculación e Innovación Social, explica que “estamos enfrentando el período previo a una fuerte aceleración en industrias críticas, como la minería y la construcción. Y esa aceleración vendrá acompañada de una fuerte demanda por talento calificado. Desarrollar el potencial de miles de mujeres que hoy queda atrapado por falta de redes de apoyo, se trata de una urgencia de desarrollo para volver a crecer de forma sostenible. Diseñar diagnósticos precisos, planes pertinentes e implementar usando innovación en las metodologías, tecnología y datos para multiplicar el impacto, es el único camino que nos permitirá habilitar con talento, el camino hacia la velocidad de una economía que nos lleve al desarrollo”.
Junto a las barreras de acceso, el estudio detecta una preocupante paradoja de sobrecalificación frente a una baja presencia en liderazgos, definida como un “techo de cristal técnico”. En el sector de la construcción, por ejemplo, el 11,9% de las mujeres posee educación universitaria completa, cifra significativamente superior al 4,8% observado en sus pares hombres. No obstante, este mayor nivel educativo no se traduce en posiciones de mando: solo el 4,6% de ellas accede a cargos profesionales o de jefatura, mientras que el 57% permanece estancada en ocupaciones de baja calificación, como jornales o ayudantes.
El comportamiento del talento femenino en las distintas industrias muestra una dinámica dual: avances visibles en inserción, pero una evolución más lenta en profundidad y posicionamiento. Por un lado, se observa una creciente incorporación de mujeres en sectores productivos y una expansión de programas que buscan impulsar su desarrollo. Por otro lado, esta presencia sigue estando mayormente asociada a funciones específicas, con menor tránsito hacia roles técnicos, especializados o de mayor incidencia en el negocio. Más que un problema de participación, lo que emerge es una brecha en la distribución del talento dentro de las organizaciones. El desafío, entonces, no es solo sumar mujeres, sino moverlas hacia espacios donde se define el valor, la innovación y la toma de decisiones.
“La empleabilidad, y especialmente la femenina, debe ser una política estratégica si queremos alcanzar el desarrollo. Hoy, un trabajador con competencias matemáticas recibe el doble de ingresos por hora que uno no calificado, pero las mujeres siguen enfrentando barreras invisibles para acceder a esa movilidad”, afirma Garay. “Con esta serie de reportes, que iremos entregando cada dos meses con distintos focos sectoriales, buscamos aportar al país información relevante para la toma de decisiones, ampliando así las oportunidades de desarrollo para las personas y la productividad de las empresas”, puntualiza.