
Las mascotas han adquirido un lugar cada vez más reconocible dentro de la forma en que los chilenos imaginan la adultez, el hogar y los proyectos de vida. Así lo muestran los resultados para Chile del estudio Aspiraciones de Vida 2026 de Ipsos, que permiten observar su significado cultural más allá de la tenencia o del consumo asociado a ellas. Para un 20,2% de las personas entrevistadas, tener una mascota forma parte de los hitos vinculados con ser adulto, una proporción que incluso supera levemente al 17,2% que menciona casarse.
El estudio, realizado sobre una base total de 501 personas entrevistadas en Chile, muestra que las aspiraciones más tradicionales continúan teniendo un peso considerablemente mayor: un 66,9% menciona contar con un empleo estable y de jornada completa, un 66,1% tener una vivienda propia y un 34,5% independizarse. Sin embargo, la incorporación de las mascotas entre estos hitos permite observar cómo se amplía aquello que las personas asocian con construir su vida adulta.
Nicolás Fritis, CEO de Ipsos Chile, explica: “Este resultado sugiere que el significado cultural de las mascotas se ha ampliado. Ya no aparecen solamente vinculadas a una función práctica, sino que se incorporan a una idea más diversa de la vida adulta, relacionada con construir un hogar, asumir responsabilidades y desarrollar vínculos de cuidado”.

Uno de los resultados del estudio permite cuestionar una de las interpretaciones más recurrentes en torno al crecimiento de la relevancia de las mascotas: la idea de que estarían reemplazando a los hijos, a la pareja o a formas más tradicionales de familia.
Los datos disponibles no respaldan esa conclusión. Entre quienes consideran tener una mascota como parte de la adultez, un 29,7% también menciona convertirse en madre o padre entre sus aspiraciones, frente a un 22% entre quienes no seleccionan a las mascotas como hito adulto. Del mismo modo, un 29,7% del primer grupo menciona casarse, frente a un 14% entre quienes no incorporan a las mascotas dentro de esta definición.
“Por lo tanto, las mascotas no parecen estar desplazando necesariamente otras aspiraciones. Más bien, se integran a una comprensión más amplia del proyecto adulto. Esto habla de una sociedad chilena en la que las formas de construir hogar y establecer vínculos de cuidado son cada vez más diversas”, sostiene Fritis.
La asociación más marcada aparece precisamente en la construcción de un espacio propio. Entre quienes incluyen tener una mascota dentro de los hitos de la adultez, un 75,2% considera relevante contar con una vivienda propia, mientras, entre quienes no lo hacen, esa proporción alcanza un 63,8%. A su vez, un 48,5% del primer grupo menciona independizarse o mudarse a una vivienda propia, frente a un 31% del segundo. Las diferencias alcanzan 11,5 y 17,5 puntos porcentuales, respectivamente.
Para Ipsos, estos resultados permiten vincular simbólicamente a las mascotas con la idea de “hacer hogar”. Fritis sostiene: “Esto permite interpretar que las mascotas están asociadas simbólicamente con la idea de ‘hacer hogar’: disponer de un espacio propio, establecer rutinas y asumir una responsabilidad cotidiana de cuidado. La mascota aparece integrada a ese proyecto, no necesariamente como sustituto de la maternidad, la paternidad o la pareja”.
Otro antecedente del estudio muestra hasta qué punto la convivencia con animales forma parte de la experiencia adulta en Chile. Un 70,3% de la muestra declara haber tenido una mascota en algún momento de su vida adulta, mientras que un 25,9% señala no haberlo hecho y un 3,8% no está seguro. Entre quienes consideran tener una mascota como uno de los hitos asociados a la adultez, el porcentaje que ya ha tenido esa experiencia aumenta a 82,2%.
Ipsos advierte que esta cifra no debe confundirse con la tenencia actual. El dato se refiere específicamente a personas que han tenido una mascota durante algún momento de su vida adulta. Aun así, los resultados muestran que se trata de una experiencia ampliamente extendida y que quienes ya han convivido con una mascota presentan una mayor propensión a incorporarla conscientemente dentro de su definición de vida adulta.
También existe apertura entre quienes aún no han vivido este hito. Entre las 130 personas para quienes tener una mascota todavía no ha ocurrido, un 42,3% considera al menos probable hacerlo en el futuro; un 15,4% se mantiene neutral, un 26,9% lo considera improbable y un 4,6% no está seguro. Entre quienes, además, consideran tener una mascota como una aspiración de la adultez, la probabilidad declarada llega al 71,4%, aunque Ipsos señala que esta última cifra debe considerarse solo como indicativa debido a que corresponde a una base reducida de 14 casos.
“Lo que sí muestran los resultados es una dimensión cultural que va más allá de una tendencia de consumo. Un 20,2% de los entrevistados incorpora tener una mascota dentro de los hitos asociados a la vida adulta, mientras que un 70,3% declara haber tenido una mascota en algún momento de su adultez. Entre quienes incluyen a la mascota como parte de su definición de adultez, la experiencia previa de haber tenido una alcanza un 82,2%”, explica Fritis.

Los resultados también permiten observar que la presencia simbólica de las mascotas no está circunscrita a una única configuración familiar. Entre quienes seleccionan tener una mascota como un hito adulto, un 47,5% está soltero, frente a un 36% entre quienes no lo hacen. Un 25,7% está casado, versus 29%, mientras un 12,9% convive o mantiene una relación doméstica, frente a un 21,3% entre quienes no incluyen a las mascotas dentro de esa definición.
Pero tampoco en este punto el estudio permite establecer relaciones causales. Una mayor proporción de personas solteras entre quienes consideran a la mascota como parte de su adultez no significa que vivir sin pareja conduzca a buscar un animal como sustituto afectivo.
Fritis precisa: “También se observa una mayor presencia de personas solteras entre quienes consideran tener una mascota como hito adulto: 47,5% está soltero, frente al 36% entre quienes no la seleccionan. Sin embargo, esta diferencia no permite concluir que vivir sin pareja conduzca a buscar una mascota como reemplazo afectivo. Solo indica que este significado cultural está presente dentro de configuraciones de vida distintas”.
De la misma manera, el estudio no contiene cruces específicos que permitan dimensionar el efecto del envejecimiento de la población, los hogares unipersonales, la postergación de la maternidad o la búsqueda de bienestar emocional. Tampoco incluye comparaciones generacionales consolidadas entre generación Z, millennials, generación X y generaciones anteriores respecto del significado que atribuyen a las mascotas.
Otro elemento que aparece en los resultados es la asociación entre considerar a las mascotas como parte del proyecto adulto y determinados indicadores de estabilidad laboral.
Entre quienes incorporan tener una mascota como un hito de la adultez se observa una mayor presencia de personas con empleo de jornada completa —49,5% frente a 46,5%—, de trabajadores independientes —12,9% versus 11,8%— y de propietarios de negocios —18,8% frente a 12,5%—. Asimismo, la proporción de desempleo es menor: 9,9% frente a 19%.
Ipsos enfatiza que estas diferencias son descriptivas y no permiten determinar causalidad. Una de las lecturas planteadas en el estudio es que las personas que cuentan con mayor estabilidad podrían sentirse más capaces de asumir las responsabilidades materiales y cotidianas vinculadas con integrar una mascota a su proyecto de vida.
Esta perspectiva también permite comprender por qué el significado que adquieren las mascotas no se limita a una decisión puntual. De acuerdo con el análisis de Ipsos, se trata de una aspiración cotidiana y concreta, cuyo valor cultural se relaciona con la compañía, el cuidado, las rutinas y los vínculos, más que con una gran meta vital aislada.
El estudio Aspiraciones de Vida 2026 no mide gasto en mascotas, comportamiento de compra, disposición a pagar por alimentos, salud, seguros o servicios especializados, ni evalúa campañas o estrategias de comunicación de marcas. Por lo mismo, no permite establecer cómo ha evolucionado el consumo en estas categorías ni recomendar mensajes o acciones comerciales específicas.
Sin embargo, Fritis plantea una consideración general desde la investigación de mercado: “Un posible error sería abordar a las mascotas exclusivamente como una categoría de consumo, desconectada del proyecto de vida de las personas. Los datos muestran que, para un 20,2% de los entrevistados, tener una mascota forma parte de los hitos asociados a la adultez y que esta aspiración está especialmente relacionada con independizarse, tener una vivienda propia y construir un hogar”.
A ello agrega otra precaución: “También sería importante evitar una representación única del vínculo con las mascotas. Esta aspiración está presente en proyectos de vida diversos. Entre quienes consideran tener una mascota como parte de la adultez hay una mayor proporción de personas solteras, pero también un mayor interés por casarse y convertirse en madres o padres. Por ello, comunicar a la mascota únicamente como sustituto de hijos o pareja sería una simplificación que no se ajusta a los datos”.
El estudio tampoco contiene una serie histórica que permita afirmar que la tenencia de mascotas está aumentando ni incluye proyecciones sobre su evolución futura. Su aporte se sitúa en otra dimensión: mostrar cómo las mascotas se han integrado al significado cultural de la adultez y a las maneras en que una parte de los chilenos imagina su proyecto vital.
“En consecuencia, la lectura más defendible es que las mascotas expresan una transformación cultural en la manera de imaginar la adultez, el hogar y las responsabilidades de cuidado. No se trata solamente de un comportamiento de compra: para una parte de la sociedad chilena, integrar una mascota al hogar forma parte de la construcción de un proyecto de vida”, concluye Nicolás Fritis.