Opinión: “Seguimos operando bajo un modelo lineal de la vida que hace tiempo colapsó”

La cofundadora de Travesía100 y autora de Palabras Mayores plantea que el desafío ya no es solamente extender la vida, sino hacerlo con salud, autonomía y sentido. Movimiento, relaciones, aprendizaje, nutrición y propósito son parte de una preparación que, advierte, debe comenzar mucho antes de la vejez.

Chile está entrando aceleradamente en una nueva etapa demográfica. A junio de 2026, el país registra que 92.5 personas de 65 o más por cada 100 menores de 15 años, mientras que la tasa global de fecundidad cayó en 2025 a 0,99 hijos por mujer, ubicándose por primera vez bajo un hijo por mujer.

Este cambio abre una pregunta que va mucho más allá de cuánto tiempo vivimos, sino que en qué condiciones queremos llegar a edades más avanzadas y qué podemos empezar a construir hoy para hacerlo con autonomía, salud y sentido. Esta es una de las preguntas que Ximena Abogabir ha puesto en el centro de su trabajo en torno a la llamada Nueva Longevidad.

Cofundadora de Travesía100 y autora de Palabras Mayores, Abogabir propone cambiar la forma en que entendemos el envejecimiento. El foco, plantea, no debiera estar únicamente en cuánto tiempo sumamos, sino en las condiciones en que llegamos a esas etapas y en las posibilidades de seguir aprendiendo, participando y tomando nuestras propias decisiones.

El próximo 30 de septiembre será una de las expositoras del seminario “Nutrimos el presente, disfrutamos el futuro”, organizado por Nutrisco en el marco de Espacio Food & Service 2026. Allí abordará el desafío de una vida más larga desde una mirada humana y social, en una conversación que también incorporará ciencia, innovación y disfrute.

Durante mucho tiempo el aumento de la expectativa de vida fue visto como un indicador de progreso. ¿Qué significa realmente vivir bien una vida más larga?

Durante décadas medimos el éxito de la longevidad sólo en años ganados lifespan, es decir, por la cantidad de años que vive una persona. Pero la pregunta que realmente importa es cuántos de esos años vivimos con salud, autonomía y sentido.

Vivir bien una vida más larga no es agregar años al final de la vida como un apéndice, sino distribuir bienestar, vínculo y propósito a lo largo de todo el curso de la vida. Significa llegar a los 90 o incluso 100 años pudiendo decidir por uno mismo, seguir aprendiendo, seguir siendo útil a otros y seguir disfrutando. La Nueva Longevidad no se trata de “no envejecer”, sino de envejecer siendo protagonista de la propia historia, no un espectador de ella.

¿Cuándo deberíamos empezar a prepararnos para vivir más y mejor?

La longevidad activa no se improvisa a los 65, se construye desde mucho antes, idealmente desde la adultez temprana. Hay distintas dimensiones clave. Está el cuerpo, con movimiento sostenido en el tiempo, fuerza muscular y equilibrio, no solo cardio. También la mente, a través del aprendizaje continuo, la curiosidad activa y nuevos desafíos cognitivos.

A eso se suman los vínculos, cultivando y renovando redes sociales genuinas; el propósito, con proyectos, roles y razones para levantarse; una alimentación con hábitos balanceados y sostenibles en el tiempo; y las finanzas y la planificación vital, pensando en el curso completo de la vida y no solo en la etapa laboral activa.

La clave es que estas dimensiones se entrenan como un músculo, cuanto antes empiezas a cultivarlas, mayor reserva funcional tienes cuando la vida lo exige.

¿Qué lugar ocupa lo que comemos dentro de ese conjunto?

La alimentación es una pieza central, pero funciona en sinergia con las demás dimensiones, no de forma aislada. Comer bien sin vínculos, sin movimiento o sin propósito no genera bienestar integral.

Nutre el cuerpo para sostener la funcionalidad, la fuerza y la energía necesarias para seguir participando activamente en la vida. Pero es también un acto social y cultural. Comer en comunidad, compartir la mesa, cocinar para otros y con otros son prácticas que refuerzan el vínculo, no solo la nutrición. La comida es uno de los pilares que sostiene la posibilidad de vivir plenamente la longevidad.

¿Estamos preparados como sociedad para una población cada vez más longeva?

Definitivamente no, todavía no estamos preparados. Seguimos operando bajo un modelo lineal de la vida -estudiar, trabajar, jubilar, declinar- que hace tiempo colapsó frente a la realidad demográfica: menos niños y más longevos.

Hay un cambio cultural pendiente, y es que dejemos de asociar automáticamente “vejez” con “declive” o “carga”, y empezar a valorar la experiencia y el aporte de las personas mayores. También necesitamos promover el autocuidado activo desde edades tempranas y no como respuesta de emergencia.

¿El desafío también alcanza a las empresas y a las políticas públicas?

Sí, las empresas y organizaciones tienen que incorporar la longevidad como una variable estratégica, con espacios de trabajo intergeneracionales, políticas sanitarias preventivas y flexibilidad laboral para etapas de vida más largas.

Y desde las políticas públicas necesitamos sistemas de salud, pensiones, educación continua y ciudades diseñadas para una población que vive más años y necesita seguir participando, no ser segregada. El cambio más urgente, en el fondo, es la mentalidad, pasar de ver el envejecimiento como un problema sino como una oportunidad que hay que preparar.

Ximena Abogabir, Cofundadora de Travesía100

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