
Según la reciente Encuesta Nacional de Medio Ambiente y Cambio Climático 2026 (Ipsos–PUCV), la gestión de residuos se ha posicionado como el problema ambiental número uno para los chilenos, concentrando el 26% de las preocupaciones ciudadanas.
En un país que actualmente composta menos del 1% de sus desechos orgánicos, el éxito para evitar que miles de toneladas terminen en rellenos sanitarios colapsados no depende de un único mega-sistema centralizado, sino de la capacidad de adaptar la logística a la realidad geográfica, climática y demográfica de cada territorio.
En el sur de Chile, donde la protección del entorno natural es crítica, Regenera Orgánico está demostrando que un modelo circular atomizado es completamente factible. Operando desde 2018 en la Región de Los Lagos, la empresa provee un servicio de recolección y compostaje con infraestructura diseñada específicamente para mitigar externalidades negativas y operar en armonía con los vecinos.
Andrés Ruiz, socio fundador de Regenera Orgánico, explica que la clave está en mirar la evidencia internacional: «Países como Austria se han dado cuenta de que los centros de revalorización de orgánicos no deben estar a más de 10 kilómetros de las ciudades o localidades donde se generan los residuos. Ese es el camino: atomizar las plantas y hacerlas más pequeñas para que el material viaje distancias cortas. En Puerto Varas demostramos que esto es posible; con una planta de apenas 400 metros cuadrados, procesamos el equivalente a 1.300 hogares sin generar molestias a los vecinos».
Este enfoque de adaptabilidad territorial es también la columna vertebral de Local Compost en la Región Metropolitana. Su modelo de gestión no se limita a un formato único, sino que se diseña a la medida de cada comuna:
La lógica, tanto en el sur con Regenera como en la capital con Local Compost, es la misma: no imponer un sistema rígido, sino diseñar la logística en función de cómo vive cada comunidad.