
El crecimiento de la inteligencia artificial, el comercio electrónico, la publicidad digital y los servicios en la nube está aumentando la demanda de infraestructura computacional. La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos prácticamente se duplicará entre 2025 y 2030, desde 485 hasta cerca de 950 teravatios-hora, equivalente a alrededor del 3% de la demanda eléctrica global al final de la década. El consumo de las instalaciones orientadas específicamente a inteligencia artificial crecería aún más rápido: se triplicaría durante ese período.
Este escenario vuelve insuficiente evaluar la sostenibilidad de un data center únicamente mediante el PUE, indicador tradicional de eficiencia energética. La nota publicada por Noxtel propone complementar esa medición con CUE, WUE y ERE, que incorporan respectivamente la huella de carbono, el consumo de agua y la reutilización de energía.
La propuesta coincide en términos generales con las métricas desarrolladas por The Green Grid y con la familia de indicadores técnicos que ha ido formalizando ISO. Sin embargo, los cuatro índices no tienen exactamente el mismo grado de estandarización internacional: PUE, CUE y WUE forman parte de la serie ISO/IEC 30134, mientras que ISO utiliza el concepto Energy Reuse Factor —ERF— para medir la proporción de energía reutilizada. ERE, en tanto, fue desarrollado por The Green Grid como una extensión del PUE.
Power Usage Effectiveness compara la energía total consumida por un centro de datos con la energía utilizada directamente por sus equipos informáticos. Su fórmula es:
PUE = energía total del centro de datos / energía de los equipos TI
Un PUE de 1,0 representaría una instalación teóricamente ideal en la que toda la electricidad se destinara a servidores, almacenamiento y redes, sin consumo adicional en refrigeración, iluminación, distribución eléctrica u otros sistemas auxiliares.
En la práctica, mientras más cercano a 1 sea el resultado, menor es la energía utilizada por la infraestructura de soporte. No obstante, el indicador no revela de dónde proviene esa electricidad, cuánta agua utiliza el sistema de refrigeración ni qué ocurre con el calor residual.
Tampoco resulta conveniente establecer un valor universal para clasificar una instalación como buena o mala. El clima, la antigüedad del edificio, la densidad de los racks, el tipo de refrigeración y la carga de trabajo afectan significativamente el resultado. Uptime Institute señala que numerosos centros nuevos instalados en zonas de altas latitudes alcanzan PUE de 1,3 o inferiores, pero solo el 15% de los operadores encuestados en 2025 declaró encontrarse en ese rango.
Por ello, las referencias de Noxtel que presentan un PUE de 1,2 como “estado del arte” y uno de 1,5 como una operación eficiente deben entenderse como orientativas, no como umbrales técnicos universales.
Carbon Usage Effectiveness mide las emisiones asociadas al funcionamiento de la instalación en relación con la energía consumida por sus equipos TI. Habitualmente se expresa como masa de dióxido de carbono equivalente por kilovatio-hora de energía informática.
CUE = emisiones de CO₂ equivalente / energía de los equipos TI
Esta métrica corrige una limitación central del PUE. Dos centros de datos pueden presentar idéntica eficiencia energética, pero tener impactos climáticos muy diferentes si uno utiliza electricidad de bajas emisiones y el otro depende de una matriz intensiva en combustibles fósiles.
Para las empresas usuarias de servicios cloud, plataformas publicitarias y soluciones de inteligencia artificial, esta distinción resulta relevante porque buena parte de las emisiones digitales puede formar parte de su cadena de valor y, eventualmente, de su reporte de emisiones de alcance 3.
La medición, no obstante, requiere transparencia sobre el factor de emisión de la electricidad, los contratos de suministro y el uso de certificados renovables. Uptime Institute advierte que la efectividad climática de ciertos certificados y compensaciones continúa siendo objeto de debate y que su costo creciente puede dificultar el cumplimiento de objetivos corporativos.
Water Usage Effectiveness relaciona el consumo anual de agua de una instalación con la energía empleada por sus equipos informáticos:
WUE = consumo anual de agua / energía de los equipos TI
The Green Grid establece como unidad habitual los litros por kilovatio-hora. A diferencia del PUE, cuyo valor ideal es 1, el WUE ideal sería cero. El propio organismo aclara que esta métrica cubre el agua asociada a la operación y al suministro energético, pero no toda la huella hídrica del ciclo de vida de la construcción y fabricación de equipos.
La disminución del uso de agua tampoco garantiza automáticamente una mejora ambiental total. Algunos sistemas de refrigeración que reducen el consumo hídrico pueden elevar la demanda eléctrica. The Green Grid advierte precisamente sobre estas compensaciones entre agua, energía y tratamiento químico, lo que refuerza la necesidad de revisar las métricas en conjunto.
En 2025, solo el 47% de los operadores consultados por Uptime Institute declaró recopilar datos de consumo de agua, aunque fue el único indicador ambiental cuya medición aumentó respecto del año anterior, cuando alcanzaba el 43%.
Para Chile, el tema es particularmente significativo. El Plan Nacional de Data Centers 2024-2030 busca convertir al país en un hub regional, pero al mismo tiempo plantea disminuir el consumo de agua y energía, promover instalaciones descentralizadas y aprovechar zonas con disponibilidad de energías renovables.
Energy Reuse Effectiveness incorpora el aprovechamiento de energía residual fuera del perímetro operacional del centro de datos. Puede calcularse restando la energía reutilizada a la energía total de la instalación y dividiendo el resultado por la energía consumida por los equipos TI:
ERE = (energía total del data center – energía reutilizada) / energía TI
The Green Grid desarrolló este indicador en 2010 para reconocer casos en que el calor residual se utiliza, por ejemplo, en calefacción de edificios, redes de agua caliente, procesos industriales o invernaderos. Cuando no existe reutilización, el ERE equivale al PUE; a medida que aumenta el aprovechamiento, el indicador disminuye.
Su implementación depende fuertemente del entorno. Reutilizar calor requiere consumidores próximos, infraestructura de distribución y una demanda térmica suficientemente estable. Por eso, más que una mejora que pueda incorporarse de manera aislada, suele ser una decisión vinculada al diseño urbano y a la localización del proyecto.
ISO emplea actualmente el Energy Reuse Factor, que expresa qué proporción de la energía total se reutiliza. Ambos conceptos están relacionados, pero no deben presentarse como si fueran exactamente el mismo indicador.
El estudio global de Uptime Institute muestra que la recopilación de indicadores de sostenibilidad se estancó o retrocedió durante 2025. El 84% de los consultados medía consumo eléctrico y el 74% reportaba PUE, pero menos de la mitad recopilaba información sobre agua, energías renovables o emisiones.
La medición de emisiones de alcance 1 llegó al 33%; la de alcance 2, al 26%; y la de alcance 3 se mantuvo en apenas 18%. La encuesta consideró 617 respuestas para esta sección, frente a 670 en 2024.
Estos resultados muestran que el PUE continúa dominando porque está asociado directamente a costos operacionales y suele ser más sencillo de calcular. Sin embargo, también revelan una brecha entre las declaraciones corporativas de sostenibilidad y la disponibilidad de datos comparables.
Para anunciantes y empresas intensivas en servicios digitales, la respuesta no consiste en convertirse en especialistas en ingeniería de centros de datos, sino en incorporar estas variables en sus procesos de compra tecnológica. Una licitación de cloud, inteligencia artificial, almacenamiento o procesamiento publicitario podría solicitar PUE anualizado, consumo hídrico, intensidad de carbono, porcentaje de energía renovable y metodología de cálculo.
La sostenibilidad digital ya no depende únicamente de cuánto consumen los servidores, sino de dónde se instala la infraestructura, cómo se refrigera, qué matriz eléctrica utiliza y qué tan transparente es el proveedor.
PUE, CUE, WUE y ERE no deberían emplearse como sellos aislados ni como cifras promocionales. Su mayor valor aparece cuando se observan en conjunto, con límites de medición, períodos comparables y factores territoriales claramente informados.
Para las marcas, el desafío será conectar sus ambiciones de transformación digital con sus compromisos ambientales. A medida que la inteligencia artificial incremente la demanda de capacidad computacional, seleccionar proveedores capaces de demostrar eficiencia energética, hídrica y climática será tanto una decisión reputacional como financiera y operacional.