
La percepción sobre el futuro se instaló en terreno negativo. Un 58% de las personas se declara pesimista o muy pesimista respecto del futuro del país, el nivel más alto de la serie iniciada en 2015, mientras solo un 40% mantiene una mirada optimista. La señal coincide con una evaluación económica marcada por la cautela: 43% cree que la situación económica nacional empeorará durante el segundo semestre, frente a 21% que espera una mejora.
Estos datos no constituyen una proyección macroeconómica, sino una medición de expectativas. Sin embargo, para el mercado son relevantes porque las percepciones influyen en decisiones concretas: postergar, reducir, sustituir o buscar mayor seguridad antes de comprar.

La inflación aparece como el principal lente desde el cual las personas observan los próximos meses. Seis de cada diez encuestados creen que el costo de vida empeorará y 79% anticipa un aumento general de los precios. La expectativa alcanza 76% para el pan y los alimentos, 74% para la bencina y 68% para los arriendos y la vivienda.
El resultado configura un consumidor más atento al valor total de la oferta. El precio sigue siendo central, pero no actúa solo: cobran importancia la duración del producto, la transparencia de las condiciones, el rendimiento, el servicio posventa y la capacidad de una marca para reducir incertidumbre.

El deterioro también alcanza las posibilidades económicas del hogar. Un 49% estima que empeorará su capacidad de ahorrar; 51% piensa lo mismo sobre invertir; 47% sobre solicitar un crédito de consumo; 53% sobre comprar un automóvil; y 56% sobre adquirir una vivienda.
Para los avisadores, esto sugiere una mayor resistencia en categorías de desembolso alto y ciclos de decisión más extensos. Las comunicaciones que presionan por cerrar rápidamente pueden perder eficacia frente a propuestas que expliquen costos, comparen alternativas, entreguen garantías y permitan planificar el gasto.

La encuesta muestra una brecha entre la percepción de las empresas y la experiencia del consumidor. Mientras 63% califica como buena o muy buena la situación económica de las compañías, 76% considera mala o muy mala la capacidad de los consumidores para comprar bienes y servicios. A ello se suma que 85% evalúa negativamente la situación del empleo.
Esa distancia puede alimentar la sensación de que las marcas hablan desde una realidad distinta. En este contexto, la empatía no consiste en adoptar un tono pesimista, sino en reconocer las restricciones reales y ofrecer soluciones verificables.

El segundo semestre exigirá mensajes más concretos, menos grandilocuentes y mejor respaldados. Conveniencia, flexibilidad, durabilidad y transparencia pueden ser atributos tan decisivos como la innovación. También será clave segmentar: no todas las personas enfrentan la incertidumbre del mismo modo ni ajustan las mismas categorías.
La principal conclusión para el marketing es clara: cuando el consumidor anticipa un entorno más difícil, la relevancia se gana ayudándolo a decidir. Las marcas que reduzcan el riesgo percibido, hagan visible el valor y comuniquen con evidencia estarán mejor preparadas para sostener la relación, incluso cuando la disposición a gastar disminuya.
Equipo de redacción ANDA