La Copa del Mundo 2026 no solo está cambiando el mapa deportivo con 48 selecciones y tres países anfitriones. También está mostrando transformaciones profundas en cómo se construye la atención: jugadores desconocidos que se vuelven virales, pausas de hidratación convertidas en ventanas comerciales, influencers que pasan de la espontaneidad a la regulación y marcas que buscan participar sin ser auspiciadoras oficiales.

El Mundial 2026 no solo está marcando un hito deportivo por su escala, sus tres países anfitriones y su expansión a 48 selecciones. También se está transformando en un laboratorio cultural para observar cómo cambian las reglas de la publicidad, la comunicación y la construcción de relevancia en torno a los grandes eventos globales.
Desde jugadores prácticamente desconocidos que se vuelven virales gracias a comunidades digitales, hasta pausas de hidratación que abren nuevas ventanas para la televisión, pasando por influencers que asumen un rol cada vez más profesionalizado y marcas que buscan participar sin ser auspiciadoras oficiales, el torneo está mostrando que la atención ya no se ordena únicamente desde la transmisión, la celebridad o el auspicio tradicional.
Uno de los casos más llamativos ha sido el de Tim Payne, defensor de Nueva Zelanda, quien pasó de ser un nombre ajeno al gran público a convertirse en fenómeno luego de que un influencer argentino invitara a sus seguidores a apoyar al “jugador menos conocido” del torneo. El caso ilustra una de las transformaciones más relevantes para la industria creativa: hoy una figura puede ser levantada por una comunidad digital antes que, por una campaña, un medio o una marca.
“Para la publicidad, este tipo de fenómenos obliga a mirar la cultura con más profundidad Las marcas ya no siempre llegan a instalar una conversación; muchas veces deben saber leer señales que nacen desde las audiencias y decidir si tienen algo legítimo que aportar”, señala Cristián Frederick, director general de Cuentas de TBWA\Frederick.
La viralidad, sin embargo, es solo una de las dimensiones del cambio. La introducción de pausas de hidratación obligatorias en cada tiempo también ha generado debate. Aunque la medida ha sido presentada oficialmente como bienestar para los jugadores, su aplicación en todos los partidos, independiente de las condiciones climáticas, ha abierto una discusión más amplia sobre la adaptación del fútbol global a nuevas lógicas de transmisión y monetización.
En ese sentido, la pausa de hidratación puede leerse también como un punto de encuentro (y tensión) entre dos culturas deportivas: la tradición futbolera, marcada por la continuidad del juego, y el modelo de entretenimiento estadounidense, más habituado a cortes programados, pausas comerciales y fragmentación del espectáculo. Para las marcas, esto abre oportunidades, pero también riesgos: no toda interrupción genera valor y no toda aparición es necesariamente relevante.
“No es una discusión nueva. Desde los años de la NASL y el Cosmos de Pelé en los setenta, el fútbol en Estados Unidos ha convivido con intentos por hacerlo más compatible con la cultura deportiva local, marcada por el espectáculo, los cortes programados, la definición obligatoria de los partidos y una mayor integración entre deporte, televisión y entretenimiento. Hoy las pausas de hidratación sí parecen reabrir una vieja tensión: hasta qué punto el fútbol global puede adaptarse a nuevas lógicas de transmisión y monetización sin alterar la experiencia cultural que lo hizo masivo.”, agrega Frederick.
El especialista también hace una reflexión: “El desafío creativo no es simplemente ocupar un espacio disponible. En eventos de alta carga emocional, como un Mundial, las marcas deben entender que están entrando a un ritual cultural. La pregunta no es solo dónde aparecer, sino cómo hacerlo sin romper la experiencia de las audiencias y sin que la respuesta sea negativa”.
Otro cambio visible es el nuevo rol de los influencers. Lejos de operar únicamente desde la espontaneidad, los creadores de contenido se han convertido en parte estructural del ecosistema del torneo. FIFA y TikTok, anunciaron un programa de creadores corresponsales para generar contenido desde el Mundial, con acceso a experiencias detrás de escena y relatos orientados a las comunidades digitales. Al mismo tiempo, las restricciones migratorias en Estados Unidos para influencers extranjeros que busquen crear contenido monetizado con visa de turista evidencian que esta actividad dejó de ser percibida como algo informal o periférico.
Esto da cuenta de una profesionalización acelerada de la economía de creadores. Para las agencias y marcas, trabajar con influencers ya no implica solo seleccionar rostros con alcance, sino gestionar derechos, permisos, contratos, normas de uso de imagen, criterios editoriales y eventuales riesgos regulatorios. El influencer deja de ser un recurso táctico pasando a formar parte de una estrategia más compleja de construcción de audiencias.
Finalmente, el Mundial también instala una pregunta clave para las marcas que no son auspiciadoras oficiales: cómo participar de una conversación global sin forzar una asociación indebida con el torneo. En vez de apoyarse en logos, denominaciones oficiales o símbolos protegidos, las marcas pueden trabajar desde los comportamientos: las cábalas, las reuniones familiares, los horarios de partido, la ansiedad colectiva, el humor, las conversaciones digitales, la moda, la comida y los rituales cotidianos que rodean al fútbol. Ahí aparece una oportunidad especialmente relevante para la creatividad: ser parte del clima cultural sin depender necesariamente del estatus de auspiciador.