Más allá de las tecnologías visibles, existe una infraestructura crítica que recientemente se ha tomado el foco de la conversación pública: los cables submarinos.

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Primero, es importante entender lo vitales que son. Por estas redes circula más del 95% del tráfico internacional de datos. Gracias a ellas operan la computación en la nube, el comercio electrónico, las plataformas digitales y las transacciones financieras globales, entre miles de acciones diarias vitales para el funcionamiento de Chile y el mundo.
En las últimas semanas, este carácter estratégico quedó en evidencia para Chile y Latinoamérica a partir del debate sobre proyectos de conectividad internacional y sus implicancias geopolíticas. Lo que durante años fue visto como un asunto técnico, hoy se reconoce también como un factor de competitividad, desarrollo y seguridad tecnológica.
El crecimiento acelerado del tráfico digital ha elevado la necesidad de contar con conectividad internacional robusta, resiliente y diversificada. En ese contexto, Chile enfrenta una oportunidad estratégica única: posicionarse como un centro de conectividad regional, capaz de liderar y estar a la vanguardia no sólo en tecnología, sino también como facilitador de procesos y, en última instancia, de los negocios que impulsen el desarrollo integral del país y la región.
Chile no necesita esperar a que el mundo lo conecte. Tiene la geografía, la estabilidad y la infraestructura para conectar al mundo. Lo que viene es una decisión país: si queremos ser usuarios de la economía digital, o arquitectos de ella.

Carlos Oviedo
Country Manager & Sales Director, Unidad de Conectividad