IA: una mirada ambivalente

La inteligencia artificial está entrando a las organizaciones, a los equipos y a las tareas cotidianas, y lo hace con velocidad, con potencia y con resultados que, en muchos casos, parecen indiscutibles. Distintos estudios muestran mejoras en productividad, eficiencia y capacidad de respuesta.

Fuente: Freepik

Pero cuando miramos el fenómeno desde dentro de las organizaciones, la historia es menos lineal.

En el Estudio de Confianza Organizacional, desarrollado por Futuro del Trabajo SOFOFA Capital Humano y la consultora Almabrands, vemos que la llegada de la inteligencia artificial no está siendo vivida de una sola manera. Al contrario: conviven entusiasmo y preocupación, expectativa y desconfianza. La experiencia de los trabajadores frente a este cambio es, sobre todo, ambivalente.

Por un lado, la percepción es positiva. Un 66% de las personas cree que la inteligencia artificial puede mejorar su trabajo y hacerlo más eficiente. La mayoría reconoce que estas herramientas permiten ahorrar tiempo, automatizar tareas repetitivas y concentrarse en actividades de mayor valor. Esa es la noticia buena.

La mala, es que esa mirada convive con una tensión que no se puede ignorar. Tres de cada diez personas sienten preocupación por el posible reemplazo de sus tareas, y afirman que estos cambios han generado más incertidumbre que beneficios.

Es decir, la IA aparece al mismo tiempo como una promesa y como una amenaza. Y cuando eso ocurre dentro de una organización, la confianza se vuelve un factor decisivo, el cual se debe construir día a día. Partiendo por ayudarlos a entender de qué trata este fenómeno, y luego, explicar que tienen las herramientas para adaptarse, y que, como personas, serán consideradas y acompañadas.

Claramente, no todos están viviendo esta transformación de la misma forma: Las personas que ocupan roles de liderazgo o que tienen perfiles más profesionales tienden a mirar la inteligencia artificial como una oportunidad. Tienen más acceso a información, mayor cercanía con las decisiones y, muchas veces, más posibilidades de experimentar con estas herramientas. En cambio, quienes no tienen personas a cargo o desempeñan funciones más operativas o técnicas viven este proceso con más incertidumbre. Para ellos, la IA aparece con menos claridad como una aliada y con más fuerza como un factor de riesgo.

No existe un único “futuro del trabajo”. Lo que existe son múltiples formas de vivir el cambio dentro de una misma organización. Hay quienes sienten que están avanzando con él y quienes sienten que simplemente les está pasando por encima.

Por eso la pregunta no es solamente cómo incorporamos IA, sino cómo hacemos que esa incorporación sea percibida como un progreso compartido.

No basta con que la alta dirección tome decisiones y espere que luego “bajen” al resto de la organización. Tampoco basta con ofrecer una capacitación genérica o comunicar los beneficios de manera abstracta. Lo que las personas necesitan es participación, claridad y herramientas concretas. Formar parte no de una conversación tecnológica, sino de una conversación humana.

Necesitan entender qué cambiará en su trabajo, qué habilidades deberán desarrollar, qué oportunidades se abren y qué apoyos tendrán en el proceso. En un mundo que se ha tornado bastante caro, desde la bencina a la vivienda, desde el pan a la educación, otorgar certezas cuesta muy poco. En algunos casos, solo tiempo. No dejemos que parte de nuestros equipos se queden atrás.

Por Cali Trivelli, socia y gerente general de Almabrands

Compartir: